Esta tarde, fin de jornada, me puse mis medias con costura negra, el liguero ceñido que me aprieta las caderas, el sostén que empuja mis tetas gordas hacia arriba. Falda corta, escote profundo, tacones de diez centímetros. Todo negro, mi color. Me miro al espejo, me unto perfume en el cuello, en las muñecas… y en el pubis. Salgo con abrigo largo, sombrero ancho. Las calles están tranquilas, pero yo voy a cazar.
Llego al restaurante elegante, quito el abrigo despacio. Chaleteo al entrar, tacones resonando. Todos miran: tíos con hambre en los ojos, tías con envidia. Me siento sola en una mesa, pido un vino. Ahí lo veo: Alejandro, traje impecable, solo, bebiendo whisky. Alto, fuerte, mirada confiada. Decido: esta noche es mío. Mi coño palpita ya. Me levanto, voy a su mesa. ‘Hola guapo, ¿puedo?’. Él sonríe, ‘Claro, siéntate’. Charlo, flirteo. Le toco la mano, ‘Tienes pinta de saber follar bien… pero hoy mando yo’. Se queda quieto, ojos brillantes. ‘¿En serio?’. ‘Sí. Termina tu copa, nos vamos. Pero sigues mis reglas o te dejo con la polla tiesa’. Tension en el aire, su respiración acelera. Paga, salimos. Paseo por el bulevar, árboles, estatuas. Le cojo la mano, la pongo en mi culo. ‘Siente cómo me mojo por ti… pero no toques más hasta que yo diga’. Él jadea, ‘Joder, qué puta dominante’. Río, ‘Exacto, y tú vas a ser mi puta esta noche’.
La conquista en la mesa
Llegamos al hotel pijo. Empujo la puerta, ascensor. Le meto mano por la bragueta, polla dura como piedra. ‘Ya estás listo, eh’. Subimos, entro en la habitación, luces tenues. Saco un pañuelo negro, ‘Quítate todo. Ojos cerrados’. Obedece, desnudo, polla erguida, venosa. Le ato las manos a la cama. ‘Ahora soy yo la jefa’. Me quito la falda, liguero brillando, coño sin bragas, chorreando. Le monto la cara, ‘Come mi coño, lame bien’. Su lengua entra, chupa mi clítoris, gimo fuerte. ‘Más profundo, joder… sí, así’. Me corro rápido, jugos en su boca. Bajo, cojo su polla gorda, ‘Qué pedazo de verga… pero la follo yo’. Me siento encima, cowgirl, empalo mi coño en ella. Subo y bajo, tetas botando. ‘¡Fóllame tú? No, yo te follo a ti!’. Él gruñe, ‘Sí, nena, cómetela’. Cambio, me pongo de espaldas, anal. Echo lubricante, ‘Ahora tu culo es mío’. Empujo su polla en mi ojete apretado, centímetro a centímetro. Duele rico, gimo, ‘¡Joder, qué gorda!’. Cabalgo salvaje, cachetes chocando, él atado, sudando. Le suelto una mano, ‘Tócame las tetas, aprieta’. Me corro otra vez, coño apretando su base. Le monto la polla en la boca, ‘Chupa mis jugos de tu verga’. Él lame desesperado.
Suelto sus ataduras, ‘Ahora a cuatro patas, perrito’. Obedece, culo arriba. Le meto dedos en el ojete, ‘¿Te gusta?’. ‘Sí… fóllame’. Cojo un plug, se lo hundo. Luego lo empujo al suelo, polla en mi coño otra vez, misionero salvaje. ‘¡Córrete dentro, lléname!’. Él explota, semen caliente inundando mi útero, espeso, pegajoso. Me corro con él, cuerpo temblando. Caemos exhaustos. Le quito el pañuelo, ojos vidriosos, rendido. ‘Has sido perfecto… mío del todo’. Me visto despacio, él mira embobado. Salgo, adrenalina pura. Lo conquisté, lo usé, lo dejé seco. Poder total, mi coño manda siempre. Qué noche, joder.