Dios, qué semana. En el instituto, Esteban me entregó su redacción sobre el lenguaje. Palabras calientes, ambiguas, hablando de ‘besar’, de deseo puro. ‘Quiero follarte, profesora’, decía entre líneas. Me encendió. Le puse nota alta, pero lo cité después de clase. Me senté en su mesa, pierna colgando, mirándolo fijo. ‘¿Qué pasa, chaval? ¿Muévete o qué?’ Él tartamudeó, rojo. Sonreí. ‘Esta noche, en la repetición, tú eres mío. Nada de tonterías. Yo mando.’ Se le notaba la polla dura bajo los pantalones. Asintió, tragando saliva.
Llegué al piso de Francisco con esa minifalda de seda color carne, sin sujetador, tetas firmes balanceándose, y sin bragas. Me había tocado antes en casa, imaginando su cara. Me miré al espejo, pezones duros, coño ya húmedo. ‘Vas a caer, cabrón’, me dije. Entramos en calor con las escenas. Cherifa desnuda en la mesa, seda cubriéndola, tirada poética. Luego Elena dejando caer la sábana, culo perfecto expuesto. Me mojé más. Sentí sus miradas en mí, sabiendo que estaba casi desnuda.
La Decisión de Mandar
Tocaba mi escena. Esteban se acercó, como siempre, manos en mi espalda. Pero esta vez, lo paré. ‘Quieto.’ Lo empujé contra la pared, mano en su pecho. ‘Aquí mando yo. Quítate la camisa.’ Todos miraban, mudos. Él obedeció, temblando. Le desabroché el pantalón, polla saltando fuera, tiesa, goteando. ‘Mira lo que me haces, puta.’ Sonreí. ‘Cállate y fóllame como yo diga.’ Le agarré las pelotas, apreté suave. ‘Arrodíllate.’ Se hincó, cara en mi falda. La subí, coño a la vista, labios hinchados, jugos chorreando. ‘Lámeme. Lengua adentro, cabrón.’ Metió la lengua, chupando mi clítoris, sorbiendo mi lefa. Gemí fuerte. ‘Más profundo. Así, joder.’ Le cogí la cabeza, follándole la boca con mi coño.
El Clímax Bajo Mi Poder
Me corrí rápido, chorro en su cara. ‘Levántate.’ Lo besé, saboreando mi propio sabor. ‘Ahora, fóllame el culo.’ Me giré, manos en la mesa, culo arriba. Escupió en mi ano, dedo dentro primero. ‘Despacio.’ Empujó la polla, gruesa, abriéndome. ‘¡Joder, qué apretado!’ Dijo él. ‘Cállate y métela toda.’ Embestí contra él, controlando el ritmo. ‘Más fuerte. Rompe mi culo.’ Francisco, Elena, Cherifa miraban, tocándose. Él jadeaba, sudando. Cambié: ‘Ahora la concha.’ Me tumbé en la mesa, piernas abiertas. ‘Entra de una.’ Polla resbalando en mi coño empapado, bolas golpeando. ‘¡Fóllame como una perra!’ Le clavé uñas en espalda. ‘No corras aún. Aguanta.’ Le apreté con los músculos, ordeñándolo. ‘Ahora sí, lléname de leche.’ Se corrió dentro, gritando, yo también, contrayéndome alrededor de su verga.
Me aparté, semen chorreando por mis muslos. Él de rodillas, exhausto. Los otros aplaudieron. ‘Eso es teatro de verdad’, dije riendo. Me sentía diosa, poderosa. Lo había conquistado, dirigido cada segundo. Su mirada: rendido, mío. Esa noche dormí con la falda pegada a la piel por nuestros jugos. Mañana, más. Yo decido.