Hace unos meses que vivo esta relación ardiente con Aurelia, en secreto total. Bueno, casi, algunos amigos lo saben. Ella me ha abierto los ojos al sexo de verdad, y cuanto más me da, más quiero. Pero cuando viaja, me pica el cuerpo. Ese día, ella se va dos semanas a Estados Unidos. Estamos en casa, medio desnudos, yo le acaricio las tetas mientras ella me toca lento la concha por encima de la falda. Hablamos…
—Vas a buscar polla mientras no estoy, ¿verdad?
La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Será Mío
—Puede… pero no sé.
—Hazlo, nena. Quiero que folles libre. ¿Qué tal Carlos, el madurito ese de 47?
Me río. Carlos, amigo de Aurelia de toda la vida. Alto, experimentado, pero siempre distante conmigo. Me mira como si fuera una cría. Eso me enciende. Sus ojos grises, su cuerpo fuerte aún. Fantaseo con montarlo, con ver su polla dura rogando. Aurelia insiste: acaba de dejarla su novia, necesita una revancha. Yo decido: hoy lo conquisto. Lo llamo desde el aeropuerto mientras ella sube al avión. Voz temblorosa al principio, pero firme.
Llego a su casa por la tarde. Puerta abierta, él en vaqueros, sonrisa nerviosa. Le beso la mejilla, lento, oliendo su colonia. Me quito el abrigo. Llevo falda fluida, blusa de seda blanca que deja ver mis pezones oscuros. Él traga saliva.
—Estás… preciosa, Noelia.
—Cállate y sírveme café. Vamos a hablar.
Nos sentamos. Le cuento mi última ruptura, pero mis ojos van a su paquete. Se nota la erección. Me acerco, abro su camisa un poco. Él duda.
—¿Qué haces?
—Decido yo. Quítate la camisa. Ahora.
Obedece. Tensión en el aire, mi coño ya moja. Le digo: nada de prisas. Tú me tocas solo si yo mando. Él asiente, ojos brillantes. Le bajo el pantalón despacio, su polla salta, gruesa, venosa. La miro, la acaricio con la uña.
—No corras. Vas a darme placer primero.
Phase 2: Lo empujo al sofá, me subo la falda. Mi tanga blanca empapada, mi mata de pelo negro asomando. Le ordeno:
—Quítamela con los dientes.
Lo hace, torpe al principio, pero ansioso. Mi coño chorreando, labios hinchados. Le agarro la cabeza.
—Come, lame bien profundo.
Su lengua entra, chupa mis labios gruesos, mordisquea suave. Gimo fuerte, mis jugos le empapan la cara. Su polla palpita sola. Lo torturo, lo dejo al borde pero paro.
—Ahora, chúpame el clítoris hasta que corra.
Se pone loco, succiona mi botón enorme. Tiemblo, grito:
Follada Brutal Bajo Mis Órdenes
—¡Sí, joder, así! ¡No pares!
Exploto en su boca, squirt le moja la camisa. Él jadea, desesperado. Me levanto, lo empujo al suelo.
—Ponte de rodillas. Mámamela.
Agarro su polla, 20 cm dura como piedra. La meto en mi boca, succiono el glande, saliva por todos lados. Él gime:
—Dios, Noelia…
—A callar. Trágatela toda.
No, yo la chupo yo. Le hago una mamada brutal, bolas en la mano, hasta que casi corre. Lo paro.
—Ahora fóllame. De rodillas, yo arriba.
Me monto, su polla entra de golpe en mi coño apretado, chorreante. Cabalgo salvaje, tetas rebotando libres, pezones duros como piedras. Le pellizco:
—Mírame, dime que soy tu puta reina.
—Eres… mi reina, joder.
Cambio: levántate, perrito. Lo pongo contra la mesa, entro yo… no, él me penetra pero yo marco ritmo, empujando culo atrás. Le azoto:
—Más fuerte, rómpeme el coño.
Corre dentro, caliente, lleno mi vientre. Grito en orgasmo doble.
Phase 3: Caemos exhaustos. Su cabeza en mis tetas, polla chorreando semen. Lo miro, sudoroso, rendido.
—¿Ves? Yo mando. Y ha sido perfecto.
Él murmura:
—Nunca tan bien…
Me siento poderosa, invencible. Aurelia tenía razón, pero yo lo hice mío. Conquista total, mi coño satisfecho, su sumisión. Volveremos a jugar, bajo mis reglas. Adrenalina pura, placer mío al 100%.