Tomé el Control: Cómo la Hice mía en una Noche de Fuego y Naturismo

Llegué a casa de Marta, mi compi de piso, con el sol quemando. Ella, 20 años, curvas suaves, me abrió la puerta con una sonrisa tímida. ‘Pasa, Elena’, dijo. Yo, 18, terminal de informática, naturista empedernida, la miré fijo. Sentí esa adrenalina, la conquista latiendo en mis venas. ‘Hoy nos ponemos en pelotas en tu piscina’, le solté. Dudó. ‘¿En serio? ¿Y si nos ven?’ ‘Nadie ve, relájate. Yo mando hoy’. La tomé de la mano, la llevé al jardín. Quité mi camiseta primero, mis tetas firmes al aire. Ella miró, hipnotizada. ‘Tus pechos… son perfectos’, murmuró. ‘Quítate el bikini, Marta. Ya’. Obedeció, temblando. Su coño con vello fino, labios rosados. Me acerqué, olía a crema solar y deseo. ‘Tocarte primero no, yo decido. Abre las piernas’. La tensión subía, su respiración agitada. Mi hermano me había contado sus folladas con su colega, hetero pero abierto. Yo igual, amo el control con tías. ‘Serás mía esta tarde. Reglas: no corres, no pides, solo gimes cuando yo diga’. Asintió, rendida ya.

La empujé al transat, sol picando nuestra piel desnuda. ‘Abre’, ordené. Separé sus muslos, su coño húmedo brillaba. Lamí lento, lengua plana en sus labios gordos. ‘Ah… Elena…’, gimió. ‘Silencio, o paro’. Chupé su clítoris hinchado, duro como una perla. Metí un dedo, luego dos, curvados en su G. ‘¡Joder!’. Se corrió rápido, jugos calientes en mi boca, piernas temblando. La sostuve. ‘No has terminado’. Me subí encima, coño contra su cara. ‘Lame mi chocho, hazlo bien’. Su lengua torpe al principio, pero aprendía. Yo peloteaba sus tetas, pellizcaba pezones erectos. ‘Más adentro, puta’. Sentí su nariz en mi culo, dedos en mi entrada. Resistí el orgasmo, como me enseñó la experiencia. La volteé, tribbing salvaje: coños frotándose, clítoris chocando, sudor mezclándose. ‘Fóllame así’, jadeó. ‘No, yo follo’. La clavé al colchón con mi cadera, ritmos duros. Grité primero, rayo de placer vrillando mi cuerpo, piernas out of control. Ella explotó debajo, gritando mi nombre.

La Tensión que Me Hizo Decidir

Nos corrimos al borde de la piscina, agua fresca lamiendo pies. Después, la miré: exhausta, ojos vidriosos. ‘¿Ves? Te di lo que necesitabas’. Me sentía diosa, poderosa. Supe que era mía, que volvería a suplicar. ‘Eres increíble, Elena. Nadie me folló así’. Sonreí, besándola posesiva. La adrenalina de la conquista, su sumisión total… eso es poder puro. Mañana, le cuento a mi hermano jumeau, él entenderá. Pero ahora, su coño marcado por mi lengua es mi trofeo. Exactamente lo que quería.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top