Tomé el control: seduje a mi amigo negro y a mi marido en un trío inolvidable

Dios, aún lo siento en la piel. Fue hace dos meses, pero parece ayer. Yo, con mi tanguita de encaje puesta a toda prisa, salgo del baño empañado. Antoine, mi amigo de toda la vida, el negro grandote con el que comparto coche para ir al curro. Vecinos desde niños, inseparables. Él en la Fnac, yo en mi tienda de lencería fina en el centro de este pueblo cerca de Perpignan. Ese día, mi marido Eric ya se había ido con nuestro hijo a la escuela. Yo, a mil por hora.

—Cinco minutos, ¡joder, llego tarde! Sírvete café.

La tensión sube: decido que son míos

Me maquillo en el espejo del pasillo, camisita medio abierta, culo al aire casi. Me inclino, me cambré un poco… y noto sus manos en mis caderas. Calientes, firmes. Me giro, fingiendo enfado.

—¿Estás loco, Antoine?

Pero mi voz sale ronca, con un suspiro. Él no para, me besa. Le arranco la camisa allí mismo. Pantalón en el salón, slip en el sofá. Yo arriba, montándolo como una reina. Su polla negra, gruesa, entrando en mi coño mojado. Follamos salvajes, sudando, gimiendo. Él se corre dentro, y yo tiemblo de placer. Error enorme, lo sé. Pero qué subidón.

Semanas después, el test positivo. Negrito seguro. Eric fliparía. No puedo esconderlo. Invito a Antoine a cenar, con Eric. Asiatiko, sin cuchillos afilados. Nervios a flor de piel.

Ellos charlan, ríen, sake fluyendo. Yo observo: los quiero a los dos. Diferente, pero igual de fuerte. Decido: esta noche, los tengo a mis pies. Hablo de genética, de bebés negros en parejas blancas. Eric bromea, Antoine se atraganta. Silencio pesado.

—¿Qué insinúas? ¿Follaste con Antoine?

Él niega, pero yo sonrío. Eric sale a fumar. Antoine me abraza, me besa, desabrocha mi blusa. Tetas fuera, pezones duros. Lo aparto.

—No, para. Pero… te deseo.

Eric vuelve, me ve medio en pelotas. Explota.

—¡Me habéis jodido!

Lo calmo, me arrodillo, le bajo el pantalón. Polla dura ya. Antoine ahí, tieso. Les miro a los dos.

El polvo brutal: dirijo cada embestida

—Sois míos esta noche. Yo mando. Desnudaos.

Obedecen. Tensión eléctrica. Les toco las pollas, una en cada mano. Grossa la de Antoine, venosa la de Eric. Las meneo lento, saliva chorreando. Ellos jadean, cabezas echadas atrás.

Su polla negra me llena la boca primero, profunda, hasta la garganta. Eric gime viéndolo. Cambio, chupo la suya, huevos peludos. Les ordeno: tumbaros en el sofá.

Me monto en Antoine, coño apretado tragándosela entera. Arriba y abajo, tetas botando. Eric detrás, me lame el culo. Cambio: Eric dentro, misionero brutal. Antoine me mete dedos en el ojete.

—Folladme los dos. Ahora.

Antoine en mi coño, Eric en el culo. Doble penetración, estirada al límite. Grito de placer, clítoris palpitando. Sudor, olor a sexo. Embisten coordinados, yo aprieto, controlo el ritmo.

—Córrete dentro, Antoine. Tú también, Eric.

Exploto en orgasmo, ellos se vacían. Chorros calientes llenándome.

Nudos, sudados, en el sofá. Yo en medio, poderosa. Los acaricio.

—Esto es lo que quería. Los dos, rendidos. El bebé… sea de quien sea, somos tres ahora.

Eric besa mi cuello, Antoine mi teta. Sonrío. Tomé el control total. Pura dominación. Adrenalina eterna.

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