Tomé el control: seduje a mi compañera en el campo y la hice mía

Estábamos las dos solas en ese puto campo de la vallée de Chevreuse. Yo, española de intercambio en la école d’architecture de París, y Kathleen, la belga más viva del grupo. Habíamos salido a buscar un terreno en pendiente para el proyecto de una casa. Hacía fresco de abril, el sol picaba un poco, olía a hierba seca y a tierra húmeda. Yo iba maussade, pensando en mi ex, pero de repente… la vi. Caminaba delante, con esa falda que se le subía un poco, culo redondo marcado. Mi coño dio un tirón. No, joder, hoy no. Hoy mando yo.

Paramos en el claro perfecto. Ella sacó la cámara, yo… tenía ganas de mear. Brutales. La dejé allí y me metí entre los arbustos. Me bajé las bragas, estaba empapada. No de pis, de jugos. Me senté en cuclillas, el chorro caliente salpicando mis tobillos, el aire frío lamiéndome el chocho abierto. Cerré los ojos, imaginándola a ella. Y de pronto… crujió una rama. Abrí los ojos: Kathleen, a tres metros, mirándome con una sonrisita. ‘¿Pipi?’, balbuceé yo, roja. Pero ella… ‘Yo también, no aguanto más’. Se arrodilló a mi lado, se quitó las bragas con gracia, sin pudor. Su coño rasurado, labios rosados, empezó a mear. El olor almizclado me volvió loca. Mi clítoris palpitaba.

La decisión en el campo: ella sería mía

No lo pensé. Tomé el control. ‘Quítate la falda, Kathleen. Todo’. Dudó un segundo, pero obedeció. Blanca como leche, tetas grandes con pecas, pezones duros por el frío. Yo me quité la mía, desnuda total. ‘Mírame bien. Hoy sigo yo las reglas’. Se excitó, vi su coño brillar. Le pasé un kleenex, pero mis dedos rozaron su muslo. Tensión pura. Corrimos al coche, yo con la falda subida, mostrándole mi coño mojado. ‘Ven a mi piso esta noche. Te voy a follar como mereces’.

Llegamos a su cuchitril en el Barrio Latino. Techo bajo, calor sofocante, olor a omelette que preparaba. Me duché desnuda delante de ella, agua caliente chorreando por mis tetas, mi pubis espeso. ‘Ven, tengo un juego perfecto. Solo para tías como nosotras’. Me senté en la cama, piernas abiertas. ‘Nos masturbamos frente a frente. La primera que se corre o me toca, pierde. La ganadora ata a la perdedora y la hace explotar’. Sus ojos se encendieron. ‘¿Empezamos?’. Se quitó el jersey, coño lampiño expuesto, piernas abiertas como una puta. Yo igual, dedos en mi clítoris hinchado.

El juego sucio y mi dominio total

Ella se tocaba despacio, pelvis hacia arriba, labios abiertos, jugos goteando. Obsceno. Mi coño ardía, olía a sexo. ‘No hagas trampa, zorra’, le dije, pero yo ya me metía dos dedos, chapoteando. No aguantó. Gimiendo, se corrió, cuerpo temblando, chorros en el suelo. ‘Perdiste. Manos atrás’. La até con un trapo de cocina, la tiré en la cama bocarriba. ‘Ahora te follo yo’. Me subí encima, coño en su cara. ‘Lámeme el clítoris, puta’. Su lengua entró, chupando fuerte, nariz en mi pelo. Yo la cabalgaba, tetas rebotando, ‘¡Más adentro, joder!’.

La giré a cuatro patas, cabeza entre mis muslos. 69 brutal. Mi lengua en su coño sin vello, saboreando su melocotón jugoso, clítoris como una perla. La mordí suave, la hice gritar. ‘¡No pares, fóllame la boca!’. Metí tres dedos en su chocho, bombeando, mientras ella me devoraba. Olor a sudor, a corrida. Se corrió dos veces, yo la seguí, explotando en su cara, jugos por todas partes. La desaté, exhaustas.

Me tumbé, ella acurrucada. La había tenido a mis pies, como quería. Esa belga fuerte, ahora mía. Poder puro en las venas. Mañana, más. Yo mando.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top