Estábamos solas en la boutique ese jueves, como siempre. Laure acababa de contarme lo de ese couple rarísimo, Charles y Erika, con sus cadenas para tetas y pollas antiguas. La vi ruborizarse, mordiéndose el labio, cruzando las piernas como si se le mojara el coño ahí mismo. Yo, Solène, 40 años, bruna, con mi pasado loco en Nueva York y Argentina, supe al instante: esta rubia de 32 iba a ser mía. No más espera. Mi libido ardía desde que vi cómo me miraba Memeth esa mañana, pero Laure… ella necesitaba que alguien la domara.
Me acerqué despacio, oliendo su perfume dulce mezclado con ese aroma de excitación femenina. ‘Laure, mi amor, estás empapada, ¿verdad? No lo niegues, te veo los pezones duros bajo la blusa.’ Ella balbuceó: ‘Eh… Solène, no sé de qué hablas…’ Pero yo ya le ponía la mano en el muslo, subiendo lento por la falda. ‘Hoy mando yo. Si quieres que te ayude con esa clientela pervertida, vas a obedecerme. Quítate las bragas ahora mismo. Y no me hagas repetir.’ Sus ojos se agrandaron, pero se levantó, temblando, y las deslizó por sus piernas largas, ensartadas en esos tacones que Martin le había comprado. Olía a coño húmedo, caliente. Perfecto.
La Decisión de Conquistarla
La senté en el mostrador, entre las antigüedades polvorientas. Abrí sus piernas de un tirón. ‘Mírame mientras te toco. Vas a gemir solo cuando yo diga.’ Mis dedos encontraron su clítoris hinchado, resbaladizo de jugos. Lo pellizqué suave, luego froté en círculos rápidos. Ella jadeó: ‘¡Solène, por Dios…!’ ‘Cállate y agárrate al borde. Esto es mío ahora.’ Le metí dos dedos dentro, su coño apretado chupándolos como una puta ansiosa. Estaba virgen en esto, lo notaba, pero su cuerpo gritaba por más. La besé duro, mordiendo su lengua, mientras mi pulgar masajeaba su ano virgen. ‘Te voy a follar como mereces, rubia. Arrodíllate.’ Ella dudó un segundo, pero cayó de rodillas, obediente.
El Placer Bajo Mi Mandato
Saqué mi strapon del cajón secreto –ese que traje de Buenos Aires, grueso, venoso, negro como los bulls que follaba antes–. Me lo até, dura ya de anticipación. ‘Chúpalo primero. Enséñame lo puta que puedes ser.’ Laure lo lamió torpe al principio, eh… saliva goteando, pero pronto lo tragó hasta la garganta, ahogándose deliciosamente. ‘Bien, ahora a cuatro patas sobre la mesa. Culo arriba.’ La penetré de golpe, su coño tragándoselo entero. ¡Joder, qué apretada! Empujé fuerte, rebotando contra sus nalgas firmes. ‘¡Dime que lo quieres más profundo!’ Gritó: ‘¡Sí, fóllame más, Solène!’ Agarré sus tetas, pellizcando pezones, dándole nalgadas que dejaban marcas rojas. Cambié a su ano, lubricado con sus propios jugos –un dedo primero, luego el strapon entero. Se corrió gritando, squirt chorreando por el suelo, su cuerpo convulsionando bajo mis embestidas salvajes. Yo me corrí después, frotándome el clítoris contra la base, llenándola de mi dominio.
Cuando acabamos, ella jadeaba en el suelo, mirada perdida de placer. Yo me quité el strapon, limpiándolo en su pelo rubio. ‘Has sido perfecta, mi puta. Ahora tenemos la cadena para Charles, y tú… volverás cuando yo diga.’ Me sentía invencible, el poder de verla romperse y suplicar más. Martin no la folla así, lo sé. Soy yo quien la conquista, quien decide su placer. Y esto solo empieza.