Acababa de echar al motero ese del salón, mi coño aún palpitaba un poco, cuando oí la puerta. Eran ellos: Jorge, el rubio presumido con su sonrisa de conquistador, y César, el moreno callado, más interesante. Venían por mi hija Vanessa, pero ella no estaba. ‘Hola, chicos’, les dije con voz ronca, suave. Mi vestido lila ceñía mis curvas justito, sin mostrar nada, pero todo insinuado. Pechos altos, piernas bronceadas en tacones blancos. Vi cómo Jorge se quedaba con la boca abierta, César me miró profundo, como midiendo.
Entraron. Les invité café, sonriendo. ‘Pasad, no os vayáis con las manos vacías’. Olía a vainilla mía por todas partes. Me coloqué entre ellos al servir, me agaché lento, culo en pompa para Jorge. Él tragaba saliva, ojos fijos en mis muslos firmes. César veía mis tetas doradas, pezones duros bajo el balconette verde, areolas asomando. Se me mojó el coño al sentir su mirada. Sin bragas, ya las había quitado. Me puse a cuclillas, abrí rodillas despacio. Mi monte de Venus rubio, bien podadito, coño depilado reluciente de jugos. César lo vio todo, labios gordos entreabiertos. ‘¿Azúcar?’, le pregunté, voz baja, juguetona.
La Llegada y la Tensión que Sube
Me senté al lado de Jorge, crucé piernas lento. Mi coño al aire otra vez para César. Él lo devoraba con los ojos. Jorge sudaba, mirada en mis muslos, mi mano acariciándolos casual. ‘¿Qué tal con mi hija?’, le dije. Él balbuceó, ‘Eh… bien…’. Vertí café, temblaba. Me descrucé amplio, coño expuesto, labios hinchados brillando. ‘Uy, mira qué torpe’, fingí, pero sabiendo que lo veían.
Me levanté, decidí: estos dos son míos hoy. César me rodeó, manos en mi vestido. ‘Despacio, guapo’, le susurré, pero yo ya le bajaba el pantalón, polla dura saltando. Jorge boquiabierto. ‘Tú, arrodíllate’, le ordené a Jorge, voz firme. ‘Vas a probar un coño de verdad, no el de mi hija sosa’. Lo empujé de rodillas, coño en su cara. César detrás, polla entre mis nalgas.
Empujé mi chochito baboso en la boca de Jorge. ‘Lame, chupa mi clítoris, bébeme los jugos’. Él lamía torpe al principio, nariz en mi monte. Gemí, ‘Así, cabrón, méteme la lengua’. César me besaba el cuello, pellizcaba tetas, polla rozando mi ano. Yo dirigía: ‘No entres aún, solo frota’. Movía cadera, follando la cara de Jorge, jugos chorreando por su barbilla. ‘¡Joder, qué rico!’. César lamía mi raja trasera, lengua en mi culo, duvet rubio mojado. Metió dedo en coño, me corrí fuerte, ‘¡Sí, cabrones, me hacéis correrme!’.
El Placer Brutal Bajo Mi Mandato
Los tiré al sofá. ‘Ahora yo mando’. Monté cara de César, coño en su boca experta. Él lamía divino, lengua profunda, chupando labios, clítoris hinchado. ‘¡Hostia, qué lengua!’. Jorge polla tiesa, yo la pajero firme, huevos apretando. Me giré, culo a César: ‘Fóllame el culo, lento primero’. Su polla gorda entró suave, lubricada por mis jugos y saliva. ‘¡Joder, qué prieto!’. Empujaba atrás, clavándomela hondo, ano dilatado. Mano en polla de Jorge, masturbándolo rápido. ‘No corras aún, espera mi orden’.
Aceleré, culo rebotando en César, ‘¡Más fuerte, rómpeme el culo!’. Él me taladraba, manos en tetas, pellizcando pezones. Jorge gemía, ‘Por favor…’. ‘¡Córrete ya!’, le grité. Su leche caliente salpicó mi mano, vientre. Yo contraía ano en polla de César, ordeñándolo. ‘¡Dame tu leche, lléname el culo!’. Él explotó, chorros calientes inundándome. Me corrí otra vez, coño vacío pero palpitando, jugos goteando.
Me aparté, piel sudada brillante, coño y culo satisfechos. ‘Ya está, marchaos a la piscina’. Jorge atontado, César me miró cómplice. Los eché, desnuda, tetas firmes al aire. Cerré puerta, sonrisa. Los había conquistado, follado a mi gusto. Poder total, mi coño manda.