Tomé el control total: lo seduje y lo follé como quise en su floristería

Tengo cuarenta y tantos, divorciada, vivo sola con mi hija que estudia en la uni. Los fines de semana alterna conmigo y su padre, todo fluido, somos amigos. No me pesa la soledad, trabajo en una empresa de eventos, organizo seminarios, flores, menús… y follo con Bruno cuando me apetece, sin ataduras. Pero ayer… uf, ayer cambié las reglas.

Mi jefe en vacaciones, voy a la floristería del barrio a pedir adornos. Él solo, clientes esperando. Huele a bosque, musgo, resina… me pone. Lo miro: alto, moreno como Clooney, piel bronceada, ojos negros con pestañas largas, sonrisa que mata. Hablamos del pedido, pero noto su mirada en mis tetas. Yo, con mi vestido ceñido, sé que destaco: curvas, pechos grandes, culo firme.

La decisión: él será mío esta noche

Cierro la tienda y le digo: ‘Venga, un vermú en el bar de tapas’. Él sonríe, acepta. En el bar, flamenco de fondo, tapas calientes, vino… Nos reímos, bailamos pegados. Su cuerpo duro contra el mío, siento su paquete rozándome. ‘Esta noche eres mío’, pienso. No sé por qué, pero lo decido ahí: lo voy a conquistar, lo voy a follar yo al mando. Le susurro al oído: ‘Ven a casa después… o mejor, ciérrala ya’. Él titubea: ‘¿Segura?’. Yo, firme: ‘Sí, y haz lo que te diga’.

Llego a la floristería de noche, él nervioso, olor a tierra húmeda. Lo empujo contra la pared: ‘Quítate la camisa’. Obedece, despacio. Yo me bajo el vestido, quedo en bragas y sujetador. Sus ojos se abren: ‘Joder, qué tetas’. Le agarro la polla por encima del pantalón: ‘Ya, calla y déjame a mí’. Se la saco: larga, gruesa, depilada al cero, huevos lisos. Me encanta, aunque prefiero vello… pero esto es puro sexo.

El polvo brutal: yo mando en cada embestida

Lo tumbo en un saco de musgo suave. ‘Abre las piernas’, ordeno. Le chupo los huevos, lamo la punta de la verga hasta que gime: ‘¡Dios, para!’. ‘No, tú no mandas’, digo, y me la meto en la boca profunda, saliva chorreando, garganta apretando. Él tiembla, agarra mi pelo. La suelto: ‘Ahora fóllame el coño, pero despacio, como yo diga’. Se pone encima, entra lento… uf, llena. ‘Más hondo… sí, así’. Yo arriba, cabalgo: subo y bajo, clavo uñas en su pecho depilado, tetas rebotando. ‘Mírame mientras te follo’, le digo. Gime: ‘Eres… una diosa’.

Lo giro: ‘Ahora el culo’. Escupe en mi mano, lubrico su ano. ‘No… espera’, balbucea. ‘Sí, métemela por detrás, pero yo controlo’. Me pongo a cuatro, guío su polla: entra apretado, dolor-placer. ‘¡Fuerte! Rompe mi culo’. Él embiste, yo empujo contra él, coño chorreando. Cambio: lo monto en reversa, polla en mi ano, frotando clítoris. ‘¡Córrete dentro, lléname!’. Él explota: ‘¡Me vengo!’. Yo orgasmo, grito, aprieto hasta sacarle todo.

Después, jadeando sobre el musgo, él: ‘Nunca… así’. Yo sonrío, beso su boca: ‘Fue mío, y lo sabes’. Me visto, salgo poderosa. Hoy tengo energía de veinteañera, Bruno olvidado. Lo conquisté, lo usé, mandé. Esa polla depilada, su sumisión… me empodera. Volveré, pero a mi ritmo. Soy fuerte, sé lo que quiero, y lo tomo. Punto.

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