Cómo tomé el control y lo hice mío en mi propio salón

Eh… ayer por la mañana, el timbre sonó y ahí estaba él, Bastian, el tipo del salón de empleo. Venía a ‘disculparse’ por lo de ayer, dice. Yo, recién levantada, en pantalón de pijama flojo y camiseta sin sujetador. Nada debajo, pelo revuelto, pero… mirándolo, supe que era mío. Sus ojos me recorrieron, vi el hambre. ‘Pasa’, le dije, voz firme, cerrando la puerta con llave. ‘Quítate la chaqueta’. Parpadeó, sorprendido. ‘¿Qué? Dona, vine a hablar de…’. ‘Cállate y hazlo’, corté, acercándome. Mi corazón latía fuerte, pero yo mandaba. El aire olía a café y a mi piel recién despierta. Sentí mis pezones endurecerse bajo la tela fina. Él obedeció, lento, como probando. Buena señal.

Me planté frente a él, en el sofá. ‘Siéntate’. Se sentó, piernas abiertas, polla ya marcando en los pantalones. Sonreí. ‘Hoy no hay entrevistas. Hoy yo decido’. Le puse la mano en el muslo, subiendo despacio. Calor subía por mi coño, húmedo ya. ‘¿Quieres esto?’, murmuré, rozando su paquete. ‘Sí… joder, Dona’. ‘Bien. Reglas: yo mando. Tú obedeces. Si no, te vas’. Asintió, ojos fijos en mis tetas. Agarré su camisa, desabotonándola. Pecho ancho, vello oscuro. ‘Quítatelo todo menos los calzoncillos’. Temblaba un poco, excitado. Yo me quité la camiseta, tetas libres, pezones duros como piedras. ‘Tócalas’. Sus manos ásperas en mi piel, masajeando. Gemí bajito, pero controlaba. ‘Despacio, cabrón. No corras’.

La decisión que lo cambió todo

Lo empujé al sofá, de rodillas entre sus piernas. Su polla hinchada, enorme bajo la tela. ‘Mírame’. La saqué, venosa, cabezota roja brillando de precum. ‘Chúpala tú primero? No, yo mando’. Lamí la punta, salada, gruesa. Él gruñó. ‘Joder…’. Metí en boca, succionando fuerte, lengua girando. Babas cayendo, polla palpitando. ‘Para’, ordené, levantándome. Me quité el pantalón, coño depilado, labios hinchados, mojado. ‘Ahora fóllame con la boca’. Me senté en su cara, muslos apretando. Lengua dentro, chupando clítoris. ‘¡Más fuerte!’. Gemí, moviéndome, follando su boca. Olor a sexo, sudor, mi jugo en su barba.

El clímax y mi dominio absoluto

No aguanté más. ‘Levántate’. Lo puse contra la pared, polla tiesa. ‘Cógeme las tetas’. Mordí su cuello mientras lo pajero, rápido. ‘Dentro ahora’. Lo giré, de espaldas, agachado. Coño abierto, lo guié. Entró de un golpe, ¡ahhh!, llenándome. ‘¡Fóllame duro!’. Empujones salvajes, cachetes contra mi culo. Sudor goteando, tetas rebotando. ‘¡Más!’. Cambié: lo tiré al suelo, monté a lo amazona. Polla profunda, clítoris rozando. ‘Mírame eyacular’. Cabalgué brutal, uñas en su pecho. Él jadeaba: ‘¡Me corro!’. ‘No hasta que yo diga’. Frené, apreté coño. Él suplicó. ‘¡Ahora!’. Eyaculó dentro, chorros calientes, yo explotando, contracciones, jugos mezclados.

Me aparté, polla flácida goteando. Él jadeante, roto. Yo, sudorosa, tetas marcadas, coño palpitando satisfecho. ‘Vístete y vete’. Sonrió, débil. ‘Eres… increíble’. ‘Lo sé. Mañana, mi oficina. Desnudo’. Puerta cerrada, yo sola, riendo. Poder total. Lo conquisté, lo usé, obtuve todo. Adrenalina pura, coño aún latiendo. Soy diosa.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top