Tomé el Control: Cómo Hice Gozar a la Librera Bajo Mis Reglas

Entré en esa librería pequeñita del centro, con el olor a papel viejo que me pone siempre un poco cachonda. Lucía estaba allí, detrás del mostrador, con su falda ajustada y esos pechos redonditos que se marcaban bajo la blusa. La había visto antes, pero hoy… hoy decidí que era mía. Sus ojos se clavaron en los míos cuando pedí un libro erótico. ‘Algo que te haga mojar’, le dije bajito, sonriendo. Ella se sonrojó, eh… titubeó un segundo, pero no apartó la mirada.

Me acerqué más, fingiendo mirar los estantes. Mi mano rozó su cadera ‘por accidente’. ‘¿Sabes? La literatura es buena, pero la realidad… uf, es mucho mejor’, murmuré. Sentí su piel erizarse bajo la falda. La tensión subía, como un nudo en el estómago. Ella respiraba rápido, sus labios entreabiertos. ‘Ven esta noche a mi casa’, le ordené, sin preguntar. ‘No acepto un no. Te voy a follar como mereces, con calma y fuego’. Lucía tragó saliva, asintió. ‘Sí… vale’, balbuceó. Ya era mía. Dicté las reglas: nada de prisas, ella solo obedecería.

La Tensión que Enciende el Fuego

Llegó a mi piso a las diez, nerviosa, con una botella de vino. La besé en la puerta, fuerte, metiendo la lengua hasta el fondo. La empujé contra la pared. ‘Quítate la ropa despacio’, le mandé. Se desabrochó la blusa, dejando ver sus tetas firmes, pezones duros como piedras. Bajó la falda, y ahí estaba su coño depilado, ya brillando de jugos. ‘A cuatro patas en la cama, ahora’, gruñí. Obedeció, culo en pompa, vulva abierta invitándome.

Me arrodillé detrás, olí su aroma dulce y salado, ese olor a hembra excitada que me vuelve loca. Pasé la lengua por sus labios mayores, despacio, sin tocar el clítoris aún. ‘Mmm… qué rico tu coñito’, le dije. Ella gimió, ‘Por favor…’. ‘Cállate y siente’, la corté. Lamí sus nalgas, mordisqueé suave, luego separé sus labios con los dedos. Su clítoris hinchado pulsaba. Lo chupé fuerte, succionando como un caramelo. ‘¡Ahhh! ¡Joder!’, gritó, temblando. Metí dos dedos dentro, curvándolos contra su punto G, bombeando rítmico mientras mi lengua giraba en su botón.

El Éxtasis Bajo Mi Mandato

La puse boca arriba, subí sobre ella. ‘Ahora tribbing, coño contra coño’. Froté mi chochito mojado contra el suyo, clítoris rozando clítoris, resbaladizo y caliente. Sus jugos se mezclaban con los míos, chapoteando. ‘Más fuerte, ¿eh?’, jadeé, apretando mis tetas contra las suyas. La follé así, controlando el ritmo, acelerando hasta que su cuerpo se arqueó. ‘¡Voy a correrme! ¡Sí, joder!’, aulló. La hice explotar, su coño contrayéndose, squirteando un chorro caliente en mi muslo.

Después, la dejé jadeante, exhausta. Yo no había corrido aún, pero no importaba. Me senté a horcajadas en su cara. ‘Lámeme el coño hasta que yo diga basta’. Su lengua torpe al principio, pero aprende rápido, lamiendo mis labios, metiéndose dentro, chupando mi clítoris hinchado. Gemí fuerte, moviendo las caderas, follando su boca. ‘¡Así, puta, bébete mis jugos!’. El orgasmo me vino brutal, inundándola con mi crema espesa.

Me tumbé a su lado, su cuerpo tembloroso pegado al mío. La miré, sudorosa, con los ojos vidriosos. ‘Has sido perfecta… obediente’. Sentí esa oleada de poder, eh… la adrenalina de haberla conquistado, de dictar cada gemido, cada corrida. Obtuve justo lo que quería: su rendición total. Ella susurró ‘Nunca… nunca así’. Sonreí. Yo controlo, siempre. Esa noche, su coño fue mío, y el placer, doble.

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