Cómo Tomé el Control y la Hice Gemir Bajo Mis Dedos

Hace calor de cojones en julio. Llego a casa de Beatriz toda sudada, la camiseta pegada al cuerpo. Trabajo con su marido, Pablo, en esa empresa de informática. Siempre de viaje. Ayer me llama ella, preocupada por sus celos. ‘Ven, hablemos’, dice. Pablo está fuera toda la semana.

Abro la puerta del coche, el aire quema. Ella sale, preciosa en un vestidito corto, ligero. Piernas suaves, pechos libres moviéndose. Entiendo los celos de Pablo. ‘Pasa, toma algo fresco’, me dice sonriendo. Vamos a la terraza, bajo la pérgola. Miro mi ropa chorreando. ‘¿Quieres ducharte?’, pregunta. ‘Sí, pero no tengo ropa’. ‘Pablo y tú sois parecidas, te busco algo’.

La Tensión que Me Hizo Decidir: Ella Sería Mía

La ducha es gloria. Agua fría resbalando por mi piel. Me enjabono despacio, los pezones duros. Pienso en ella, al otro lado. Mi mano baja, acaricio mi coño húmedo. Imagino su boca en mí, lamiendo. Me corro rápido, mordiéndome el labio. Me visto con su ropa: pantalón ancho, camisa suelta. Pero sin bragas. Abro su cajón de lencería. Dios, tangas de encaje, sujetadores abiertos. Cojo una tanga negra, me la pongo. Huele a ella.

En la terraza, botella de blanco helado. Nos sentamos frente a frente. Se inclina, escote profundo, tetas perfectas. Hablamos de Pablo. ‘Está celoso todo el tiempo’, dice bajando la vista. ‘Los hombres te miran y él explota’. Sonrío. ‘Eres jodidamente sexy, Beatriz. Pablo tiene razón en temer’. Se sonroja. ‘No digas eso…’. Me levanto, me planto delante. Mano en su rodilla. ‘Sí lo digo. Y hoy, vas a ser mía. No preguntes, solo déjate llevar’. Sus ojos se abren, respira rápido. Subo la mano por su muslo. ‘Quítate la ropa. Ahora’. Tiembla, pero obedece. Vestido cae. Tanguita blanca, pezones duros.

El Acto Brutal: Dirigí Cada Gemido y Cada Orgasmo

La tensión me pone cachonda. ‘Siéntate en el borde, abre las piernas’. Lo hace, coño depilado brillando. Me arrodillo, huelo su excitación. ‘Vas a correrme en la boca primero’. Lengua en su clítoris, suave al principio. Gime. ‘¡Ay, Sofía…!’. Chupo fuerte, dos dedos dentro. Húmeda como puta. ‘Más rápido, ¿eh?’, ordeno. Bombeo, lengua girando. Cuerpo arqueado. ‘¡Voy a…!’. Se corre, jugos en mi cara. La miro. ‘Buena chica’.

Ahora el acto puro. ‘Túmbate en la mesa’. La empujo suave pero firme. Piernas abiertas. ‘Voy a follarte con la mano hasta que supliques’. Tres dedos en su coño chorreante, pulgar en clítoris. ‘¡Joder, sí! Más duro’. Ritmo brutal, chapoteo. Le pellizco tetas. ‘Mía, toda mía’. Grita, otro orgasmo. ‘Ahora, chúpame’. Me quito pantalón, tanga aparte. Coño en su cara. ‘Lame bien, lengua adentro’. Se entrega, ansiosa. La monto, follo su boca. ‘¡Así, puta!’. Me corro fuerte, temblando encima.

Satisfecha total. La veo jadeando, mirada rendida. ‘Pablo nunca te hace esto, ¿verdad?’. Sonríe débil. ‘No… eres increíble’. Me visto despacio, poder corriendo por mis venas. La besé la frente. ‘Volveremos a jugar cuando él no esté’. Salgo, adrenalina pura. Conquisté su cuerpo, su voluntad. Soy la que manda, y ella lo sabe. Poder absoluto.

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