No paraba de cambiarme de ropa. Treinta veces, mínimo. Mirándome al espejo, nada me convencía. Tenía que estar perfecta para Sofía. Sexy, irresistible. Dios, qué nervios. Me llamó ella, la guapa Sofía, que aún sueña con nuestra noche loca. Me citó en su casa esta tarde. Mi corazón latía como loco. Ansiosa, excitada… trac total. Pero yo iba a tomar las riendas hoy.
Elegí el vestido azul, ajustado, cortísimo. Escote profundo, hombros al aire. Me senté frente al espejo, crucé las piernas… y vi mi tanga asomando. Perfecto. Sonreí. Hoy mando yo.
La Tensión que Me Hizo Decidir: Ella Será Mía
Mi dedo temblaba en el timbre. Respiré hondo. La puerta se abrió. Sofía, preciosa como siempre. Pantalones pirata ceñidos, camiseta marinera pegada a sus tetas. Sin sujetador, se notaba. Su voz titubeaba, igual de nerviosa que yo. Entramos, café en mano, charla banal. Pero el aire estaba cargado. Nuestros recuerdos de la otra noche flotaban. Yo, con las piernas cruzadas, conteniéndome. Ella sentada enfrente, mordiéndose el labio.
De repente, decidí. Me puse de pie. ‘Levántate tú también’, le dije, voz firme. Se sorprendió, pero obedeció. ‘Quítate la camiseta. Quiero verte’. Dudó un segundo. ‘Vamos, Sofía, hazlo por mí’. Se la sacó despacio, tetas firmes, pezones duros. Sonreí. ‘Ahora los pantalones. Todo’. Sus ojos brillaban de deseo y sorpresa. Se los bajó, tanga incluidas. Desnuda. Mía.
‘Siéntate en el suelo’, ordené. Ella, obediente, se sentó. Yo empecé a moverme, balanceando caderas en mi vestido. Manos por mis muslos, subiendo la falda. ‘Mírame bien’. Sus pupilas dilatadas. Calor subiendo. Yo controlaba.
Ella corrió por la cámara. ‘Graba’, le dije. ‘Pero solo lo que yo diga’. Volví a desfilar, cerca de ella. La cámara bajo mi falda. Sentía el zoom como una lengua curiosa. ‘Más cerca’. Me subí encima, piernas abiertas sobre su cara. ‘Tira de mi tanga’. Lo hice yo misma, metiéndola entre mis labios. Mi coño expuesto ante el objetivo. ‘Ahora tócate tú. Quiero verte mojada’.
Sus dedos bajaron a su coño. Gemía bajito. Yo metí un dedo en el mío, húmedo, caliente. Luego dos. Profundo. ‘No pares’. Ella gritaba de placer viéndome.
‘Quítate el vestido’, me suplicó. ‘No. Tú primero terminas’. La vi correrse, temblando.
El Acto Brutal: Dirigiendo Cada Gemido y Orgasmo
La fase del control total. Ella era mía.
Le quité la cámara. ‘Ahora yo filmo’. Se tumbó en el sofá, piernas abiertas. ‘Mastúrbate fuerte. Quiero tu coño chorreando’. Sus dedos entraban y salían, clítoris hinchado. Gemía mi nombre. Yo acerqué la cámara, zoom en su humedad. ‘Más rápido’. Se corrió gritando, jugos por sus muslos.
‘Ven aquí’. Me desnudé despacio, tetas libres, coño palpitando. Me senté en su cara. ‘Lámeme el coño. Lengua adentro’. Su boca caliente, chupando mi clítoris. Yo movía caderas, follando su cara. ‘Más profundo, puta’. Sus manos en mi culo, apretando.
La giré. 69 brutal. Mi lengua en su coño, lamiendo hasta el ano. Dedos dentro, tres. Ella se retorcía. ‘No te corras sin permiso’. Control total. La hice rogar. ‘Por favor… déjame correrme’. ‘Ahora’. Ambas explotamos, cuerpos sudados, gritando.
La puse a cuatro patas. Correa improvisada en su cuello. ‘Voy a follarte con los dedos’. Cuatro adentro, bombeando duro. Su coño tragándolos. ‘¡Sí, jódeme!’. Orgasmo tras orgasmo. Yo dirigía cada embestida, cada lamida.
Sexo crudo, sin filtro. Mi poder en cada gemido.
Después, desnudas en el sofá, vimos el vídeo. Sus tetas contra las mías, manos entrelazadas. ‘Fuiste increíble’, murmuró. Yo sonreí, satisfecha. Obtuve todo: su rendición, sus corridas múltiples, mi dominio absoluto. Sentí la adrenalina del control, el placer de verla sucumbir. Poder puro. Volveré por más. Ella ya es adicta a mis reglas.