Estaba en la casa de mis padres, ese fin de semana con Álvaro de vuelta después de años. Él, mi hermanastro, siempre tan distante, tan frío conmigo. Yo, Lucía, de veintidós, con mi cuerpo firme, tetas redondas y un coño que palpita por acción. Lo había provocado antes, en la playa, con mi tanga mínima, pero me rechazó. Cambié su habitación para cabrearlo, para que me mirara. Nada. Pero esta vez, no. Lo vi llegar con esa tía, Nancy, y supe: esta noche será mío. Lo decidiría yo.
La tensión subía mientras comíamos. Él reía con mi madre y su padre, pero sus ojos rozaban mi escote. Yo me mordía el labio, cruzaba las piernas apretando los muslos. Después, cuando subimos al piso de arriba, Nancy me guiñó el ojo. ‘Ve tú primero, hazlo tuyo’, me dijo. Mi corazón latía fuerte. Entré en su antigua habitación, me quité todo, piel erizada por la adrenalina. Esperé desnuda en su cama, el aire fresco en mis pezones duros.
La Decisión de Conquistarlo
La puerta se abrió. Él entró a oscuras, pensando que era ella. Se acostó, su mano rozó mi cadera desnuda. ‘¿Nancy?’, murmuró. Yo lo agarré del pelo, suave pero firme. ‘No, soy yo, Lucía. Calla y obedece. Esta noche mando yo. Si no, te vas y se acabó’. Dudó, su polla ya se endurecía contra mi muslo. ‘Pero… nos odiamos’, balbuceó. Sonreí en la penumbra. ‘Odio es deseo, Álvaro. Quítate la ropa. Despacio. Y no enciendas la luz. Te follaré a mi ritmo’.
Lo obligué a tumbarse boca arriba, sus manos atadas con mi tanga a la cabecera. ‘No toques aún’, le ordené, montándome a horcajadas sobre su pecho. Mi coño húmedo rozaba su piel, el olor a excitación lo volvía loco. Bajé despacio, mis labios besaron su cuello, mordí suave. ‘¿Quieres mi boca en tu polla?’, pregunté. ‘Sí… por favor’, jadeó. Reí bajito. ‘Pídemelo bien’. ‘Lucía, chúpamela, joder’. Abrí la boca, lamí la punta hinchada, salada, tragué hasta la garganta. Él gemía, caderas arriba, pero lo paré. ‘Quieto. Yo decido’.
El Pleno Dominio en la Cama
Me giré, mi coño en su cara. ‘Lámeme ahora. Hazme correrme primero’. Su lengua torpe al principio, dubitativa… ‘Más adentro, cabrón, chupa mi clítoris’. Ahí sí, me arqueé, jugos chorreando en su boca. ‘Bien… ahora fóllame’. Me empalé en su polla dura como hierro, gruesa, llenándome hasta el fondo. ‘¡Joder, qué prieta estás!’, gruñó. Cabalgué fuerte, tetas botando, controlando cada embestida. ‘Más rápido… no, despacio… ¡así!’. Lo volteé a cuatro patas, le azoté el culo. ‘Dame por detrás’. Entró de un golpe, mis paredes apretándolo. ‘¡Fóllame el coño como una puta!’, le mandé. Sudor, slap-slap de piel, olor a sexo puro. Cambié: lo puse de lado, una pierna arriba, frotando mi clítoris contra él mientras lo montaba al revés. Gemí alto, orgasmo rompiéndome, él resistiendo. ‘No corras aún’. Lo apreté con el coño, ordeñándolo. Finalmente, ‘¡Córrete dentro, lléname!’.
Se derrumbó, polla palpitando, semen caliente inundándome. Me aparté, jadeante, poderosa. Él me miró, exhausto, rendido. ‘Lucía… ha sido… increíble’. Sonreí, besándolo posesiva. ‘Sabía que sucumbirías. Eres mío ahora. Cada vez que vuelva, te follaré así’. Me sentía invencible, el placer de verlo romperse bajo mis órdenes, su cuerpo marcado por mis uñas. Lo había conquistado, dirigido cada segundo. Y quería más.