Han pasado tres semanas sin tocarlo. Diego en ese puto viaje de trabajo, yo aquí, ardiendo. Cada noche me masturbaba pensando en su polla dura, en cómo la metería en mi coño empapado. Pero esta noche… esta noche mando yo. Lo recojo en la estación, sin bragas bajo la falda. Mi coño gotea, los labios hinchados rozan al caminar. Lo veo, alto, con esa mirada hambrienta. Me acerco, le susurro al oído: ‘Hoy eres mío, cabrón. No toques nada hasta que yo diga’. Él traga saliva, su paquete se tensa en los pantalones. Lo arrastro al coche, mi mano en su entrepierna. ‘Siente cómo palpitas… pero no corras’. Aparcamos en un callejón oscuro. Lo beso fuerte, mordiendo su labio. ‘Quítate los pantalones. Ahora’. Obedece, su verga salta, venosa, goteando precúm. La agarro, aprieto. ‘Esta polla es mía esta noche’. Lo monto en el asiento, froto mi coño rasurado contra su cara. ‘Huele mi excitación, lame un poco… pero despacio, joder’. Su lengua toca mi clítoris, tiemblo. Pero paro. ‘Basta. Vamos a casa. Allí te follo como quiero’.
Llego a casa, lo empujo al dormitorio. ‘Desnúdate y a cuatro patas en la cama’. Él jadea, obedece. Sus huevos colgando, culo expuesto. Me quito la falda, mi coño chorreando jugos por los muslos. Escupo en mi mano, meto dos dedos en su culo virgen. ‘¡Relájate, puta! Siente cómo te abro’. Gime, se tensa. Añado un tercero, giro, masajeo su próstata. ‘¡Ah, mierda…!’. ‘Cállate y disfruta’. Mi otra mano en su polla, la ordeño lenta. Él tiembla. Ahora yo: me pongo a horcajadas sobre su espalda, froto mi coño contra su espina. ‘Ahora me comes el culo’. Bajo, su lengua lame mi ano rosado, lo mete dentro. ‘¡Más profundo, lame mi mierda si quieres!’. Estoy empapada, coño palpitando. Lo giro, lo ato las manos con mi bufanda. ‘No te muevas’. Escupo en su polla, la chupo hasta la garganta, gárgaras con su precúm salado. ‘¡Qué rica tu lefa pre!’. Luego, mi turno: abro mis piernas sobre su cara. ‘Bebe mi squirt’. Meto cuatro dedos en mi coño, fisto fuerte. Grito: ‘¡Mira cómo me corro!’. Chorros calientes le llenan la boca, le mojan la cara. Él traga, asfixiado de placer. ‘¡Buen chico!’. Cambio: siéntate en mi puño. No, espera… lo monto, su polla entra en mi coño de golpe. Cabalgo brutal, mis tetas rebotando. ‘¡Fóllame el útero! No, yo te follo’. Giro, lo enculo con mi ano apretado. ‘¡Siente mi culo tragándote!’. Él gruñe, al límite.
La Tensión que Me Hizo Tomar las Riendas
Lo desato al final, exhausto, cubierto de fluidos nuestros. Me corro una última vez en su polla, ordeñándolo. Su leche caliente inunda mi culo, chorros potentes. Caemos, sudados, oliendo a sexo puro. Lo miro: ‘Has sido mío, completamente. Y lo sabes’. Siento el poder, la adrenalina de haberlo conquistado, de dictar cada gemido, cada penetración. Mi coño aún palpita, satisfecha. Él me besa los pies: ‘Eres mi diosa’. Sonrío. Sí, lo soy. Tres semanas valieron esta dominación total. Mañana… ya veremos. Pero esta noche, yo gané.