Ayer… uf, todavía siento el calor en la piel. Vivo en este viejo edificio con mi marido, Marco. Somos dueños, jubilados pero con fuego en las venas. Alquilamos el piso de al lado a Luis, un chaval de veinticinco, guapo, con su novia. Respeto, juventud… pero yo sé lo que pasa detrás de las paredes.
Los oigo follar. Cada noche. Gemidos fuertes, su polla chocando contra ella. Me excita. Me mojo sola en la cama mientras Marco duerme. Pienso: ‘Ese Luis… lo quiero para mí. Voy a tomar el control’. Él comete el error: ve a mi amante joven entrar, se lo dice a Marco. Tensión. Marco finge celos, me castiga follándome duro. Pero yo… yo planeo mi jugada.
La Decisión de Conquistarlo
Hoy, Luis toca a mi puerta. ‘Perdón, señora… creí que era familia’. Lo miro. Ojos nerviosos, cuerpo atlético bajo la camisa. ‘Llámame Marta. Entra’. Le sirvo un licor, dulce como mi coño. Hablo de sus gemidos, de cómo los oímos. Se sonroja. ‘¿Os excita saber que escuchamos?’. Se remueve. Yo sonrío, cruzo las piernas, dejo ver el borde de mi tanga. ‘Ven conmigo a la piscina. A mediodía. Te recojo’. No pregunta. Obedece.
En la piscina intermunicipal, mixta, adultos solos. Maillot negro ajustado, mis tetas firmes –regalo de Marco por mis sesenta–. Nado, lo rozo ‘sin querer’. Solarium, cuerpos aceitados. Le cuento: ‘Esas cabinas para discapacitados… perfectas para follar rápido. Parejas adultas, hookups de apps’. Se excita, polla marcada. ‘¿Has…?’. ‘Sí, y tú vas a ser el siguiente’. Lo arrastro al pasillo. Oigo la pareja de al lado cerrando puerta. Entro en una cabina grande, ducha, anillas en el techo, banqueta.
Cierro. Agua corriendo para tapar. ‘Quítate el maillot’. Obedece, polla floja por el agua fría, pequeña, arrugada. Me arrodillo, húmeda yo también. La chupo lento. Lengua en el frenillo, sensible… se endurece rápido, gruesa, venosa. ‘Mmm, buena polla joven’. La meto entera, garganta profunda. Gime: ‘Joder, Marta…’. La saco, saliva brillando. ‘Ahora mis tetas’. Escupo en el surco, aprieto mis pechos grandes, firmes, contra su verga. La follo con ellas, arriba-abajo, piel suave lubricada. Él jadea, empuja. ‘No tan rápido’. Lo paro. Eyacula ya, leche caliente salpicando mi escote. ‘Buen chico… pero no has terminado’.
Dominando Cada Empuje
Me pongo de pie. ‘Agárrate a las anillas’. Levanta brazos, espalda arqueada, culo expuesto. Yo guío su polla aún dura a mi coño depilado, mojado, abierto. Empujo hacia atrás: ‘Fóllame fuerte’. Choca contra mí, profundo. Agua caliente nos moja. Cambio: ‘Ahora tú quieto’. Me muevo yo, rebotando, coño apretando su polla. ‘¡Sí, así! Más hondo’. Grito: ‘¡Me encanta tu verga joven!’. Giro, levrette contra la pared. Manos en sus caderas, yo marco ritmo. Cachetes rojos por mis nalgadas. ‘¡Azótame tú!’. Obedece. Polla braseando mi jugo y su corrida anterior.
‘¡Córrete dentro!’. Él tiembla: ‘No aguanto…’. Yo aprieto Kegel, ordeño su leche. Grita, se vacía. Yo vengo segundos después, coño palpitando, piernas flojas. Lo beso: ‘Has sido mío’. Salimos, sonrisa del otro par en el parking. Él camina torpe, marcado.
Ahora, en casa, sonrío. Lo conquisté. Tomé lo que quise: su polla, su sumisión. Adrenalina pura, poder total. Él sucumbió. Yo dirijo. Siempre. ¿Volverá? Claro. Yo decido cuándo.