Recuerdo esa noche como si fuera ayer. Vincent, ese chico joven del trabajo, con esa mirada tímida. Lo vi en la fiesta de la oficina, bebiendo una cerveza, riendo con los colegas. Yo, con mi vestido rojo ajustado, me acerqué. ‘¿Quieres bailar?’, le dije, rozando su brazo. Él dudó, eh… ‘Sí, claro’. La tensión subió rápido. Sus ojos bajaban a mis tetas, a mis caderas. Bailamos pegados, sentía su polla endureciéndose contra mí. ‘Ven a mi casa’, le susurré al oído. No preguntó nada. En el coche, mi mano en su muslo, apretando. ‘Hoy mando yo, ¿entendido?’. Asintió, nervioso.
Llegamos a mi piso. Directo al baño. ‘Quítate todo’, ordené, firme. Se desnudó torpe, polla semi-dura colgando. La miré, sonriendo. ‘Siéntate en el borde de la bañera’. Obedeció. Cogí mi crema hidratante de almendras, esa que huele dulce, fría. ‘Mira cómo te pones duro solo viéndome’. Me quité el vestido lento, quedé en tanga y sujetador. Sus ojos devorándome. Vertí crema en mi palma, la unté en su polla. Él jadeó. ‘No toques aún. Yo decido’. La envolví, fría al principio, resbaladiza. Empecé a mover la mano despacio, de abajo arriba. Su glande rojo, hinchándose. ‘¿Te gusta, eh? Dime’. ‘Sí… joder, sí’. La tensión era eléctrica. Su pulso acelerado, mi coño mojándose viéndolo rendirse.
La Decisión que Cambió Todo
Ahora el acto. ‘Pajeate para mí, pero como yo digo’. Le guié la mano, untada en crema. ‘Lento, aprieta el glande’. Gimiendo, obedecía. Yo me quité la tanga, me senté a horcajadas sobre sus piernas. Mi coño rozando su polla untada. ‘No entres aún’. Froté mi clítoris contra su tronco, resbalando. Olor a crema mezclado con su precum. ‘Ahora, fóllame’. Me empalé de golpe, su polla dura llenándome. ‘¡Joder, qué prieta!’, gruñó. Yo mandaba el ritmo, subiendo y bajando, mis tetas rebotando. ‘Aprieta mis pezones’. Lo hizo, fuerte. Cambié posición: de espaldas, cabalgándolo. Mi culo chocando contra sus huevos. ‘Más rápido, cabrón’. Sudor por todos lados, crema goteando entre mis nalgas, lubricando todo. Metí un dedo en mi culo mientras rebotaba. Él al límite. ‘No corras aún’. Lo frené, apretando mi coño alrededor de su polla. ‘Ahora sí, lléname’. Embistió salvaje, pero yo controlaba. Su glande hinchado, pulsando dentro.
Explotó. Jets calientes de leche inundando mi coño, salpicando mis muslos. Grité de placer, él temblando, gritando mi nombre. Me aparté, su polla soltando restos blancos en la bañera. Lo miré, exhausto, semen por su vientre. Yo, de pie, poderosa. ‘Has sido bueno’. Me duché primero, él esperando. Salí envuelta en toalla, sonriendo. Sentí esa adrenalina, el poder total. Lo había conquistado, dirigido cada gemido, cada corrida. Él se vistió, besó mi mano. ‘Otra vez cuando yo diga’. Salió, piernas flojas. Yo, satisfecha, tocándome el clítoris aún sensible. Esa noche, yo gané todo. Poder, placer, control. Vincent fue mío, y lo sabe.