Era un sábado por la tarde, soleado, las tres. El peque con los abuelos, noche de cine por delante. Pero primero, siesta. Nos tumbamos en la cama, cada uno con su libro. Él, con la mano izquierda en su lectura, la derecha subiendo mi falda. Me tenía boca abajo, liberando mis nalgas firmes de la piscina post-embarazo. Pequeñas, duras, perfectas. Las acaricia suave, y yo… siento el calor subir.
Sus dedos rondan mi tanga. Un roce aquí, otro allá. Sé lo que quiere. Últimamente, solo misionero rápido los domingos. Pero hoy, bronceados de vacaciones, reposados. Huele a sexo tranquilo. Su dedo presiona mi coño a través de la tela. Cada toque, mi cuerpo se estremece. Un poco más… y decido: hoy mando yo.
La Toma de Control: Decidí que Sería Mío
—Sabes que lo sentirías mil veces mejor sin esa tirita de por medio, ¿verdad? —le digo, sin apartar la vista del libro.
Suelta su libro, desliza mi tanga por mis piernas. Vuelve a su lado, acaricia más firme. Su dedo se cuela, roza mi entrada. Va demasiado rápido.
—No tan deprisa, cabrón —murmuro, con una sonrisa—. Despacio, que yo pongo las reglas.
Lo guío con la voz. Él moja el dedo en mi coño chorreante, sube a mi raja. Espera el no rotundo, pero yo… arqueo un poco. Recuerda aquella vez que casi, pero paré. Hoy no. Su índice rodea mi ano, lo humedece. Vuelvo a mi sexo, ahora con más jugo. Index y medio entran profundo, suben lubricados. Juega en mi culito, entra el mayor lento. No digo nada. Página quieta hace rato.
Siento su polla dura contra mi muslo. Está loco. Yo controlo el ritmo: lo dejo entrar el dedo entero mientras masajea mis nalgas. Mi coño palpita, listo. Hora de dictar.
—No vas a meterla así, necesitas gel —le digo, girándome despacio.
Él flipa. Piensa en levrette normal. Yo sonrío.
—No hablo de ese agujero, amor. Hoy mi culo es tuyo… pero yo decido cómo.
Salta por el gel viejo del post-parto, condón caducado. Me pongo boca arriba, dos almohadas bajo el culo.
—Me informé. Así es mejor para la primera.
Le miro fijo mientras lubrica mi ano con sus dedos. Rondos suaves, estira. Index dentro, luego medio. Con la otra mano, roza mis labios. Suspiro fuerte. Pies en su polla tiesa, la masturbo.
—Listo —digo—. Ven, despacio.
Glande en mi entrada fruncida. Empuja suave, yo controlo con la respiración. Duele un poco, pero froto mi clítoris.
—Para… sí, así. Más lento.
Entra el glande. Grimazo, pero placer gana. Él casi todo dentro, tropiezo con mi teta, empuje total. Gimo sorpresa.
—¿Estás bien?
—Hecho está. Sigue, pero yo marco el paso.
Va y viene, yo dirijo: más lento, toca mi clítoris. Suspiro placer. Acelero su ritmo con mis caderas. Tetas duras, él las pellizca. Me corro fuerte, cuerpo temblando, ano apretándolo. Él para, maravillado.
—Sácamela ya.
El Placer Brutal: Dirigí Cada Empuje y Grito
Sale, decepcionado. Me pongo a cuatro patas.
—Ven, quiero más. Pero en el mismo sitio.
Gel fresco —frío, joder—. Despacio al principio. Veo sus tetas balancearse en el espejo. Manos en caderas, acelero yo.
—¡Más rápido, hostia!
Se agarra, embiste. Me cabalgo como yegua, grito ahogado. Cae, lo monto prone bone, dedo en mi coño. Segundo orgasmo brutal, grita en la almohada.
Le beso, mordisqueo oreja.
—Dime algo guarro.
—¿Te mola mi polla dura rellenando tu culito?
—Obsceno, sí. Me encanta que folles mi culo, aunque duela. Tu fantasmo, mi victoria.
—¿Por qué no has corrido?
—Sal de ahí. Voy a hacerte el mejor momento de tu vida.
De rodillas ante él, quito condón, masturbo. Lengua en la gota pre-semen.
—Sin manos, zorra —bromea.
Gobo glande, succión fuerte, lamo frenético mirándole. Cabezada profunda, lengua en freño. Tiembla. Me retiro, lengua fuera. Chorros en mi boca, trago todo. Limpio restos.
Lo empujo al cama, cabalgo su polla aún dura directo al culo. A pelo.
—Seco, pero abierto por ti. Corre dentro, sin plástico.
Ondulo lento, froto coño en su vientre. Tetas en su boca: mama, muerde, tira pezones. Tercer orgasmo mío, doble con el suyo profundo en mis entrañas.
—¡VICTORIA! —grito, colapsando.
Silencio, semen gotea. Poder total. Él mío, rendido. Esperó diez años su fantasme… yo lo di, yo lo gocé más. No repetiremos pronto. El control es mío.