Tomé el Control Total: Mi Noche de Dominio en la Casa del Bosque

Acabo de volver de ese fin de semana en la casita perdida en los bosques de Sologne. Éramos cinco, autores eróticos agotados después de una partida eterna de tarot. La Charpie había ganado, pero yo… yo era la que bullía por dentro. Dom, ese boomer ecléctico, ronroneaba dormido contra mi hombro. Sus labios rozaban mi piel, y sentí ese cosquilleo. Mmm. No pude más. La adrenalina de la conquista me invadió.

Me levanté despacio, lo miré. Sus ojos se abrieron, confundidos. ‘Ven conmigo’, le susurré, tirando de su mano. Él dudó, ‘Charpie, ¿qué…?’. ‘Shh. Yo mando ahora. Sígueme o te dejo aquí con los ronquidos de Radass’. Lo arrastré escaleras arriba, al dormitorio principal. La chimenea aún crepitaba abajo, pero aquí, solo nosotros. Cerré la puerta. Mi corazón latía fuerte. Lo empujé contra la pared. ‘Quítate la camisa. Lentamente’. Él obedeció, torpe, excitado ya. Vi su polla endureciéndose bajo los pantalones. Sonreí. ‘Hoy, tú eres mío. Yo decido cómo, cuándo y hasta dónde’.

La Tensión que Me Hizo Tomar las Riendas

La tensión subía como el humo de la leña. Le desabroché el cinturón, pero solo lo suficiente. ‘No toques. Espera’. Me quité la blusa despacio, dejando que viera mis tetas firmes, pezones duros. Él jadeaba, ‘Por favor…’. ‘No pidas. Arrodíllate’. Se hincó, mirada suplicante. Le bajé los pantalones. Su polla saltó, gruesa, venosa. ‘Mírala. Es mía ahora’. La rocé con los dedos, sintiendo su calor pulsante. Él gemía, ‘Joder, Charpie…’. ‘Cállate. Chúpame primero’.

Lo tiré a la cama. Me subí a horcajadas sobre su cara. ‘Lame mi coño. Hazlo bien’. Su lengua entró, torpe al principio, luego ansiosa. Sentí su aliento caliente, su nariz contra mi clítoris. ‘Más profundo, coño. Usa los dedos’. Me corrí rápido, temblando, empapándole la boca. ‘Buen chico. Ahora, fóllame como yo diga’.

El Placer Brutal Bajo Mis Órdenes

Lo volteé. ‘Boca abajo. Culito arriba’. Él protestó, ‘Pero…’. ‘¡Obedece!’. Escupí en su ano, metí un dedo. Se tensó, gimiendo. ‘Relájate. Te va a gustar’. Agarré su polla desde atrás, la apreté fuerte mientras lo penetraba con dos dedos. ‘¡Ahh!’. Se corcoveaba. Luego, lo puse de rodillas. ‘Entra en mí. Despacio’. Su polla me abrió el coño, centímetro a centímetro. Caliente, dura. ‘Más fuerte. ¡Fóllame como una puta!’. Él embestía, sudado, yo clavándole las uñas. Cambié: ‘Ahora yo arriba’. Me monté, cabalgándolo salvaje. Mis tetas rebotaban, su polla tocando fondo. ‘No te corras. Aguanta’. Le pellizcaba los huevos, lo ordeñaba. Grité al correrme otra vez, coño contrayéndose alrededor de él.

‘Date la vuelta. Quiero verte explotar’. Lo masturbé furiosa, lengua en sus huevos. ‘Córrete en mi boca’. Él rugió, chorros calientes llenándome la garganta. Tragué todo, lamiendo los restos. Él jadeaba, exhausto.

Me tumbé a su lado, piel pegajosa, olor a sexo en el aire. Lo miré, roto, satisfecho. ‘Lo has hecho bien. Pero recuerda: yo controlo’. Él sonrió débil, ‘Sí… jefa’. Sentí el poder puro. Esa conquista, su rendición total. Adrenalina post-sexo, coño aún palpitando. Misión cumplida. Él era mío, y lo sabía. Mañana, más. Pero esta noche, yo gané todo.

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