Cómo Tomé el Control Total y lo Hice Gemir de Placer

Entré en su habitación con esa falda ajustada color crema, medias negras hasta los muslos y un top que dejaba ver justo lo suficiente. Mi pelo suelto, rojo fuego, me caía por la espalda. Él, Carlos, estaba ahí de pie, mirándome con esos ojos que ya brillaban de deseo. Pero yo no iba a esperar. No hoy. Me acerqué despacio, sintiendo el calor subir por mi piel. ‘Mírame bien’, le dije con voz baja, segura. Él tragó saliva, inmóvil. Perfecto.

Le puse la mano en el pecho, empujándolo suave contra la pared. Sentí su corazón latiendo fuerte bajo mi palma. ‘Hoy mando yo, ¿entiendes?’. Asintió, sin palabras. Desabroché su camisa despacio, rozando sus pezones con las uñas. Se le erizaron. Bajé la cremallera de sus pantalones, y ahí estaba, su polla ya medio dura, palpitando. ‘Qué bonita, pero aún no’. La apreté un poco, viéndolo jadear. Me quité el top, dejando mis tetas libres, los pezones duros como piedras. Él extendió la mano, pero la paré. ‘No toques hasta que yo diga’.

La Conquista: Decidí que Sería Mío

Me acerqué más, mi aliento en su cuello. Olía a colonia y nervios. Le bajé los pantalones del todo, su polla saltó libre, gruesa y venosa. La rocé con los labios, sin chupar aún. ‘Vas a hacer lo que te diga, y vas a correrme dentro’. Él murmuró un ‘sí’, voz ronca. Me desnudé yo misma, lenta, dejando que viera mi coño depilado, ya húmedo. Las bragas se pegaban. ‘Arrodíllate’, ordené. Obedeció. Le metí los dedos en la boca primero, luego bajé a mi clítoris, masturbándome frente a él. ‘Mira cómo me mojo por ti… pero controlo yo’.

Lo empujé al cama, él cayó de espaldas. Me subí encima, a horcajadas. Su polla rozaba mi entrada, caliente, lista. Pero esperé. Le agaché la cabeza contra mis tetas. ‘Chúpalas fuerte’. Lo hizo, lamiendo, mordiendo suave. Gemí bajito, el placer subiendo. ‘Bien, así…’. Bajé despacio, empalándome en su polla. Entró de golpe, llenándome. ‘Joder, qué gruesa’. Empecé a moverme, lento al principio, controlando el ritmo. Sus manos en mis caderas, pero yo las guiaba. ‘No tan rápido, cabrón. Yo decido’.

El Placer Brutal Bajo Mis Órdenes

Aceleré, cabalgándolo como una puta en celo. Mi coño chorreaba, lubricando cada embestida. ‘¡Fóllame más profundo!’, pero era yo quien bajaba fuerte, sintiendo su glande golpear mi cervix. Cambié posición, lo puse de rodillas. ‘Ahora por detrás’. Me puse a cuatro, pero le dije: ‘Tú no muevas, yo empujo’. Él jadeaba, sudado. Metí su polla de nuevo, arqueando la espalda. ‘¡Más adentro, joder!’. Golpeé contra él, mis nalgas chocando. Le metí la mano entre las piernas, apretando sus huevos. ‘Vas a correrte cuando yo diga’.

Lo volteé boca arriba otra vez. Montándolo salvaje, mis tetas rebotando. Sudor por todos lados, el olor a sexo llenando la habitación. ‘¡Me vengo ya!’, grité, apretando su polla con mi coño. Él gruñó, al borde. ‘¡Ahora, córrete dentro!’. Explotó, chorros calientes llenándome, gimiendo mi nombre. Yo seguí moviéndome, ordeñándolo hasta la última gota. Me corrí de nuevo, temblando encima.

Me bajé despacio, su semen chorreando por mis muslos. Él jadeaba, exhausto, mirándome como un perrito satisfecho. Yo sonreí, limpiándome con los dedos y lamiéndolos. ‘Lo has hecho bien… para ser mío’. Sentí esa ola de poder, pura adrenalina. Lo había conquistado, dirigido cada segundo. Su polla aún temblaba, blanda ahora. Me vestí tranquila, él sin fuerzas para moverse. ‘Hasta la próxima, cuando yo quiera’. Salí, piernas flojas pero pecho hinchado de victoria. Nadie me para. Soy yo quien folla, quien manda.

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