Cómo Tomé el Control y lo Hice Gemir Bajo Mí

Acababa de salir de la panadería, un poco mosqueada por esa panadera jodidamente sexy que me había mirado con ojos de puta en celo. Pero eso me encendió algo dentro. Caminaba por la calle, el sol pegando fuerte, y pensé en Jorge, mi marido. Ese borracho vejete, siempre ahí tirado en su sillón roto, con la polla frustrada desde hace años. Ceinture total, le rechazaba siempre. Pero hoy… hoy iba a cambiar. Sentí la adrenalina subiendo, el coño empezando a mojarme solo de imaginarlo.

Entré en casa, el olor a alcohol rancio me golpeó. Ahí estaba él, en su bergère, con el periódico al revés, medio lúcido por milagro. Le puse la brioche en la mesa, fingí trajinar en la cocina. Lo vigilaba. Normalmente, se acercaba torpe, intentaba manosearme, y yo lo mandaba a la mierda. Pero hoy, no. Lo vi levantarse, tambaleante, ojos rojos fijos en mí. Se acercó por detrás, su aliento caliente en mi cuello. ‘Rosalía…’, murmuró, mano en mi culo.

La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Será Mío

Me giré despacio, lo miré fijo. ‘Hoy no, Jorge. Hoy mando yo’. Su cara de sorpresa, priceless. Lo empujé contra la mesa, fuerte. ‘Quítate la camisa, cabrón. Quiero verte’. Dudó, pero obedeció, torpe, mostrando esa panza flácida. Sentí el poder, el pulso acelerado. ‘Pantalones abajo. Muéstrame esa polla que tanto ignoras’. Se bajó el pantalón, la verga medio tiesa colgando. La miré, grande, venosa. ‘Tócate. Duro para mí’. Él empezó, gimiendo bajito, yo mordiéndome el labio, ordenando: ‘Más rápido… para cuando yo diga’.

Lo llevé a la cama, escaleras arriba, él siguiéndome como perrito. Cerré la puerta. ‘De rodillas’. Se arrodilló, yo me quité la falda despacio, bragas empapadas. ‘Lámeme el coño, Jorge. Hazlo bien o te paro’. Su lengua torpe en mi clítoris, chupando, yo agarrándole el pelo, guiándolo. ‘Ahí… más profundo… joder, sí’. Gemí, monté en su cara, restregándome, él ahogándose en mis jugos. La tensión era brutal, mi corazón latiendo fuerte, yo dictando: ‘No pares hasta que yo corra’.

Lo tiré en la cama, él jadeando. ‘Ahora, fóllame como te diga’. Me subí encima, cowgirl puro. Agarré su polla dura como hierro, la froté en mi entrada húmeda. ‘Mira cómo te la meto’. Bajé despacio, sintiendo cada vena estirándome el coño. ‘¡Joder, qué gruesa!’. Empecé a cabalgar, lento al principio, tetas rebotando. ‘No te muevas, solo aguanta’. Aceleré, nalgas golpeando su pelvis, sudor perlando mi piel. ‘Dime que soy tu puta jefa’. ‘Sí… Rosalía… mi jefa’, balbuceó él.

El Follón Brutal Donde yo Mandaba Todo

Lo giré, a cuatro patas. ‘Ahora por detrás, pero yo marco el ritmo’. Le metí la polla de un empujón, él gruñendo como animal. Golpes secos, mi clítoris rozando sus huevos. ‘¡Más adentro, cabrón! Fóllame el culo si te dejo’. Dudó, lubricado con mis fluidos, empujó el glande en mi ano apretado. ‘Lento… ahh, sí… rómpeme’. Él embistiendo, yo controlando: ‘Para… ahora sí… ¡dale!’. El placer subía, mi coño palpitando vacío, deditos en él mientras me follaba el culo.

Grité al correrme, contracciones ordeñándole la polla. ‘Córrete dentro, lléname el culo de leche’. Él explotó, chorros calientes inundándome, yo temblando encima. Nos quedamos así, jadeos, su verga ablandándose en mí.

Me aparté, vi su cara de idiota feliz, semen goteando de mi culo. Me miré en el espejo: no tan fea, poderosa. Bajé, él dormido ya. Salí a la calle, aire fresco, sonrisas de la gente ahora me la sudaban. Tenía lo que quería: control total, placer brutal. Mañana, más. Soy la jefa.

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