Esta tarde reuní a los amigos en mi piscina. Él llegó temprano, con esa mirada nerviosa que me pone. Moreno, alto, con cuerpo atlético de tanto gym. Le dije: ‘Ponte el bañador, ven conmigo’. En mi cuarto, le tiré unos trajes. Él eligió el mío, el de una pieza, pensando que me vería desnudar. Ja. Me quité la tanga por debajo de la falda, sin prisa, viéndolo tragar saliva. Luego el top, desabroché el sujetador despacio, mis tetas pequeñas pero firmes asomando en el espejo. Él babeaba. ‘Vámonos, que llegan’, le corté.
Todo el día en el agua, vi cómo los idiotas le rondaban, tocándome. Pero yo solo pensaba en él. Al despedirse, le susurré: ‘Vuelve esta noche. Estaré sola. Para un baño… íntimo’. Su cara… priceless.
La Decisión que Cambió Todo
Sonó el timbre, corazón latiendo fuerte pero yo mandando. Abrí en falda corta y top ajustado, sin nada debajo. Lo besé rápido en la boca, lo subí a mi cuarto. ‘Mira, es mi caos de chica’, le dije, sentándonos en la cama. Pasé mi brazo por su hombro, lo atraje. Nuestras lenguas jugaron… pero yo paré. ‘Vamos a la piscina’. Lo cogí de la mano, bajamos.
Me quité la falda y el top. Debajo, el bikini diminuto que no le enseñé. Tetas apretadas, casi saliéndose, slip estrecho marcando mi culo redondo. Él se quedó pasmado. ‘Quítate todo’, le ordené, metiéndome al agua. Nadamos, jugamos… lo abracé fuerte, sintiendo su polla endurecerse contra mi vientre. ‘Es medianoche, ¿no? Al natural’, dije riendo. Desaté mi top, tetas libres en el agua fresca, pezones duros. Él jadeaba. Le quité el bañador, su polla saltó, gruesa, venosa. ‘Ahora el mío’, mandé. Bajó mi slip, mis pelos rizados al aire, coño ya húmedo.
Lo besé salvaje, lengua profunda. Mis manos en su culo, apretando. ‘Sal del agua’, le dije. Nos tendimos al borde. Yo encima, control total. ‘Mírame’, susurré, cubriéndole la cara con mi mano un segundo. Besé su cuello, mordí orejas. Bajé a sus tetas, lamí pezones. Él gemía bajito. ‘Shh, yo decido’. Manos en su polla, dura como piedra, pre-semen brillando. La apreté, masturbé lento. ‘¿Quieres mi coño? Pídemelo’. ‘Por favor…’, balbuceó.
El Placer Bajo Mis Órdenes
Lo giré a cuatro patas. ‘Primero te preparo’. Lamí sus huevos, chupé la punta de su verga, saliva goteando. Él temblaba. Volteé, abrí piernas. ‘Ahora fóllame’. Guie su polla a mi entrada, mojada, caliente. Empujó torpe. ‘Despacio, cabrón’. Entró, estirándome delicioso. Dolor-placer, pero yo mandaba. ‘Muévete como yo digo: hondo, lento’. Sus caderas obedecían. Aceleré: ‘Más fuerte, joder mi coño’. Gemí alto, tetas botando. Cambié: lo tiré de espaldas, monté. Polla clavada hasta el fondo, clítoris frotando su pubis. Reboté salvaje, ‘¡Sí, así!’. Sudor mezclado con agua, olor a sexo puro.
Lo apreté con muslos, ordeñando su verga. ‘No corras aún’. Baje, 69 perfecto: su lengua en mi ano, yo engullendo su polla hasta la garganta. Tosió, pero siguió. Volví a cabalgar, reverse cowgirl, culo rebotando en su cara. ‘Lame mis huevos’, grité. Orgasmo me pilló: coño contrayéndose, chorros calientes. Él no aguantó: ‘Me corro…’. ‘¡Dentro, lléname!’. Explosión, semen caliente inundándome, piernas temblando.
Me quedé encima, su polla ablandándose dentro. Besé su boca salada. ‘Has sido bueno… mío’. Él sonrió exhausto, rendido. Yo? Poder puro. Lo conquisté, lo usé, lo vacié. Adrenalina total, coño satisfecho palpitando. ‘Vuelve cuando yo diga’, le susurré. Puerta cerrada, sonrisa mía. Lo que quería, lo tuve.