Estábamos en ese seminario en la costa, eh… sol, mar, y un aire que te pone la piel de gallina. Yo, con mis tetas grandes y firmes, notaba las miradas de Juan, Gerardo y Miguel. Tres tíos cachondos de mi antigua empresa. Habíamos charlado, bebido… y yo sabía que querían mis curvas. Pero esta vez, no iba a ser pasiva. Recordaba cómo había follado con Juan dos noches antes, su polla dura rompiéndome el coño. Me había corrido como una loca, gritando ‘¡joder, dame la leche!’. Pero ahora quería más. Quería controlarlos a los tres.
La cena se calentó. Vino, risas… ellos bromeando sobre mis tetas. ‘¿Creéis que follo bien?’, les solté, mirándolos fijo. Se callaron. ‘Vamos a la playa. Pero mis reglas: yo mando. Si no, os vais con las pollas tiesas’. Prometieron. Caminamos bajo la luna, arena fría bajo los pies, olor a sal y excitación. Detrás de la duna, me giré. ‘Quitadme la camiseta, pero despacio’. Juan lo hizo, mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras. Sus ojos se clavaron. ‘Ahora, mostradme vuestras pollas. Ya’. Bajaron los shorts. Tres vergas palpitando: la de Juan media, la de Miguel larga y fina, la de Gerardo gorda como un tronco. Me mojé al instante, el coño chorreando.
La Tensión que Me Hizo Tomar las Riendas
‘Tocadme las tetas, pero suave al principio’. Se acercaron, manos ásperas amasando mis globos pesados. Gemí bajito, ‘¡pinchad los pezones, joder!’. Mordieron, chuparon… yo les agarré las pollas, apretando fuerte. ‘A vuestras rodillas. Chupad mi coño’. Me quité el short, piernas abiertas. Lenguas lamiendo mis labios hinchados, clítoris palpitante. ‘¡Más rápido, cabrones!’. Me corrí en la boca de Miguel, temblando, ‘¡Sí, lame esa lefa, puta lengua!’. Los puse de pie. ‘Yo decido quién entra primero’.
El Polvo Brutal: Yo Mandaba en Cada Empujón
Empujé a Miguel al suelo. Me subí encima, coño abierto sobre su polla larga. ‘Mira cómo te la trago entera’. Bajé despacio, sintiendo cada vena estirándome. ‘¡Folla hacia arriba, pero yo marco el ritmo!’. Reboté fuerte, tetas botando, sudor pegajoso. ‘¡Más hondo, joder!’. Él jadeaba, yo le clavaba las uñas. Luego, ‘Gerardo, métemela por detrás’. Me incliné, ano expuesto. Su polla gorda abrió mi culo virgen esa noche, dolor-placer quemando. ‘¡Despacio al principio, luego ramming!’. Juan en mi boca, polla salada, garganta profunda. ‘¡Tragad air, salauds!’. Cambié: Gerardo en coño, Miguel en culo, Juan en tetas. ‘¡Follad sincronizados, coño!’. Empujones brutales, coño y culo repletos, lefa chorreando. ‘¡Ahora, la leche! Miguel primero, en el coño. ¡Relléname!’. Él explotó, caliente inundando. Gerardo en el culo, ‘¡Sí, pinta mi ojete!’. Juan sobre tetas, leche espesa goteando pezones.
Me corrí tres veces, gritando ‘¡Soy vuestra puta jefa, joder!’. Cuerpos sudados pegados, arena en la piel, olor a sexo puro. Al final, exhaustos a mis pies. Yo, jadeando pero erguida, limpiando lefa con dedos y lamiendo. ‘Habéis sido buenos chicos. Mañana repetimos, mis reglas’. Sentí el poder, coño satisfecho palpitando, ellos rendidos. Nunca más idiota sexual. Yo conquisto, yo mando, yo gano.