Ayer, justo después de cerrar el trato en el hotel de Montparnasse. Sudada de la negociación, bajé al bar. Mi jefe se fue por una llamada, me quedé sola con mi copa de champán. Burbujas frías bajando por la garganta, me solté. Vi al barman, Tony. Alto, fuerte, con esa mirada que grita ‘yo controlo’. Pero no, hoy yo mando.
Se acercó, oliendo a colonia barata y sudor. ‘¿Otro trago, preciosa?’. Sonreí, lo miré fijo a los ojos. ‘No, tú vas a venir conmigo’. Dudó, parpadeó. ‘¿Qué?’. ‘Sígueme, ahora’. Mi voz firme, sin titubear. Lo agarré del brazo, piel caliente bajo la camisa. Subimos a su estudio cerca, dos minutos a pie. Puerta cerrada, lo empujé contra la pared. ‘Quítate todo’. Él, riendo nervioso. ‘Espera, ¿quién eres tú?’. ‘La que decide. Desnúdate o te vas’. Se quitó la ropa rápido, polla colgando, enorme ya flácida. Dios, gruesa como mi muñeca, venas marcadas, huevos pesados. Me mojé al instante.
La Tensión que Me Hizo Decidir
Lo miré, desnuda yo también. Mi coño palpitando, pezones duros. ‘De rodillas’. Obedeció, ojos abiertos. ‘Chúpame primero’. Le metí la concha en la cara, él lamió torpe al principio. ‘Más lengua, cabrón, hazlo bien’. Gemí bajito, jugos chorreando por su barbilla. Lo empujé al suelo. ‘Ahora, yo con tu verga’. Me arrodillé, la agarré con las dos manos. Pesaba, caliente, piel suave. Lamí el capullo, salado, goteando pre-semen. ‘Mmm, qué polla de monstruo’. Intenté metérmela en la boca, mandíbula tensa, solo la cabeza. Él jadeaba. ‘Para, me corres’. ‘No, yo digo cuándo’.
Lo tiré al cama, lo até las manos con su corbata. ‘Hoy mando yo’. Saqué un condón del bolso, viejo pero servía. Se lo puse, luchando con el tamaño. ‘Abre las piernas’. Me subí encima, coño resbaladizo rozando su punta. Bajé despacio, estirándome. ‘Joder, duele rico’. Mitad adentro, choqué con el fondo. Dolor agudo, placer quemando. Empecé a moverme, lento. Sus caderas querían subir, las paré con las uñas en su pecho. ‘Quietecito, o paro’. Aceleré, tetas botando, sudor goteando. ‘Fóllame más profundo, no, yo lo hago’. Rebotaba fuerte, chapoteos húmedos, mi clítoris frotando su pubis rasurado. Él gruñía. ‘Me vengo’. ‘Aguanta, coño’.
El Acto Brutal Bajo Mi Mandato
Cambie posición. ‘A cuatro patas’. Él obedeció, polla tiesa apuntando al techo. Le escupí saliva en el culo, metí un dedo. ‘¿Qué haces?’. ‘Lo que quiero’. Lo penetré con el dedo mientras lo pajero con la otra mano. Gemidos suyos, míos. Volví a montarlo, de espaldas. Control total, mi culo chocando sus huevos. ‘Ahora sí, córrete dentro’. Sentí su verga hincharse, pulsar. Él explotó, yo también. Orgasmo brutal, coño apretando, chorros de mi squirt mojando las sábanas. Grité, temblando.
Me bajé, polla saliendo con pop. Condón lleno de leche espesa. Lo desaté, lo miré jadeante. ‘Límpialo con la boca’. Lo hizo, tragando. Me vestí, piernas flojas pero poderosa. ‘Esto fue mío. Si quiero más, te llamo. Tú esperas’. Salí, coño palpitando aún, sonrisa de reina. Lo conquisté, lo usé, obtuve todo. Esa adrenalina, ese poder… adictivo. Nunca me sentí tan viva.