Tomé el control en los baños termales de Budapest: mi follada dominante

Después de una noche brutal en el hotel de Budapest, desayunamos como lobos y salimos a turistear por Buda. Ese barrio antiguo, con calles empinadas y casas antiguas bajando al Danubio… uf, puro encanto. La chica de recepción nos pinchó con los baños termales, dijo que era lo mejor para relajarnos. Hacía un calor de cojones, así que pillamos un taxi, un carruaje viejo con un caballo negro, y acabamos en ese palacio decimonónico con parque alrededor.

Entramos, pagamos por una cabina privada. Una chica nos llevó por pasillos eternos a una sala redonda con la bañera enorme en medio. Nos dio toallas y explicó lo de las válvulas. Javier llenó la piscina chiquita, unos 25 grados, perfecta. Me quité la ropa despacio, viéndolo mirar. Entré al agua, tibia, hasta los pechos. Él se metió detrás. Nos salpicamos un rato, solos, disfrutando el calor en la piel cansada.

La conquista en el agua caliente

Yo… estaba apoyada en el borde, soñando. De repente, sentí sus manos por detrás, rozándome los pechos que flotaban. Agua resbaladiza, cuerpos que patinan como jabón pero con más roce. Sus dedos… suaves, pausados. Tetillas duras al instante, piel de gallina. Su polla floja entre mis nalgas, calentita. Me quedé quieta, pero dentro bullía. No, hoy mando yo. Flexioné las rodillas, bajé un poco, abrí piernas. Él captó, bajó conmigo, apretó su vientre contra mi culo. Empezó a mover la cadera, despacito, su verga cobrando vida con el frotar acuoso.

Yo contraía el culo, soltaba, masajeándole la polla hasta que se puso tiesa como piedra. Golpecitos en mi ano, su mano derecha bajando, abriendo mis labios mayores, pillando el clítoris entre pulgar e índice. Lo pellizcaba suave, lo hacía hinchar. Me puse de puntillas, cambié ángulo: su polla rozó mi perineo, entró en mi coño por detrás. Apoyada en la barra metálica sobre el agua, le dije: ‘Agárrala fuerte con las dos manos, flota hacia delante, piernas abiertas. Voy a montarte yo.’ Él obedeció, ojos brillantes. Me colé entre sus piernas, agarré la barra con una mano, busqué su polla. Flotábamos, resbaladizos, pero yo mandaba.

‘Quieta, déjame a mí’, le ordené. Empujé mi coño contra su glande, abrí labios menores. Agua dentro ya, penetración rugosa, como romper una virgen. Presión brutal expulsando el líquido, pistonazo. ‘¡Joder, qué bueno!’, gruñó él. ‘Cállate y disfruta. Saca y mete otra vez.’ Me toqué el coño para meter más agua, lamí sus huevos flotantes. Segunda embestida: ardor en la entrada, como fuego. Moví el culo lento, amplio, sin dejar salir el glande. Él apretaba mis nalgas, dedo en mi ano por casualidad. Ritmo pausado, ingrávido, imposible en una cama.

El clímax y mi poder absoluto

Se sentó en los escalones, yo apoyé pies en el fondo. Aceleré, follándolo con mi coño. Agua salpicando, gimiendo alto. ‘Más rápido, pero sigo yo al mando.’ Su mano guiaba sin imponer. Sensaciones profundas, ralentizadas. Él explotó primero, chorros calientes hundiéndose en mí. Sentí contracciones. Me froté el clítoris furiosa, orgasmo brutal con su polla aún hinchada. Sperma flotando en filamentos. Lo besé con uno en la boca: ‘Prueba tu leche, sabe a victoria.’ Él, sorprendido, tragó.

‘Jacuzzi ahora’, dije yo. Puse bullas, piernas abiertas, aire cosquilleando mi coño sensible. Él abrió chorros de presión. Yo elegí uno para mi culo: masaje en ano, delicioso. ‘Haz como yo.’ Su polla revivió con el agua anal. ‘Date la vuelta, quiero agua en tu verga y mis dedos en tu culo.’ Lo puse contra el borde, buse en su polla, yo detrás. Dedo en su ano, dilatando, lengua rimming el borde morado-rosado. ‘Métemelos, profundo, tócame la próstata.’ Dos dedos adentro, masajeando. Gimió fuerte, venitas azules hinchadas. Líquido preseminal, ácido, lo probé. Luego chupé su polla mientras follaba su culo con dedos. Giclée masiva, casi me ahoga bajo el agua. ‘Esta noche me sodomizas, pero hoy mando yo.’

Nos lavamos, duchas frías, reposo. Salimos. Me sentía diosa, él rendido. Tomé lo que quise, su sumisión total. Poder puro, coño satisfecho, control absoluto. Budapest nunca olvidará esa follada mía.

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