Cómo Convertí a Mi Amante en Mi Estatua Sexual y lo Hice Suplicar

Ayer, en ese taller viejo que alquilamos para nosotros, lo miré fijamente. Él, con esa sonrisa confiada, pensando que mandaba. Ja. Yo soy María, 35 años, tetas firmes y un coño que sabe lo que quiere. Le dije: ‘Hoy jugamos a mi manera. Tú eres la estatua. Yo, la escultora. Te toco como quiero, pero tú no te mueves. Ni un gemido, ni un temblor. Si resistes, genial. Si no… te follo hasta que supliques’.

Se rió al principio, pero vio mis ojos. Serios. Lo puse en el umbral de la puerta, brazos abiertos, manos contra el marco. ‘No las quites’, ordené. Vestido, con los pantalones ajustados marcando su paquete. Me acerqué despacio, mi aliento en su cuello. Olía a hombre, a sudor fresco. Empecé por sus hombros, masajeando lento. Bajé por el pecho, sintiendo sus pezones endurecer bajo la camisa. Desabroché un botón… dos. Sus tetillas expuestas. Las pellizqué suave, luego fuerte. ‘¿Sientes eso?’, susurré. Él tragó saliva, pero quieto.

Tomando las Riendas del Juego

La tensión subía. Mi mano bajó al cinturón. Lo abrí con calma, zipper abajo. Su polla ya medio dura, asomando por los boxers. ‘Mira qué obediente’, reí bajito. La saqué, gruesa, venosa. La rocé con las yemas, de la base a la punta. Pre-semen brillando. Él respiraba hondo, pero inmóvil. Perfecto. Le quité la camisa del todo, besé su torso. Lengua en el ombligo. Ahora, de rodillas yo. Pero mandando. Lamí sus huevos, pesados. Succioné uno, suave. Su polla saltó, pero él… estatua.

Me puse detrás. Manos en sus nalgas, redondas. Las abrí, dedo rozando su ano. ‘¿Te gusta, eh?’, murmuré. Frente, agachada, abrí sus piernas un poco. ‘Camárate’. Obedeció. Mi boca en su polla ahora. La tragué entera, garganta profunda. Saliva chorreando. Subí y bajé, lengua girando en el glande. Él sudaba, venas del cuello hinchadas. ‘Piensa en mi coño mojado esperándote… pero no te muevas’. Sus muslos temblaron leve. Casi.

Lo giré. Cara a la pared. Bajé sus pantalones del todo. Desnudo ahora. Mi mano derecha en su polla, masturbando lento. Izquierda en sus huevos, apretando. ‘Imagina que te follo con mi boca mientras otro te chupa el culo’. Gemido ahogado. ¡Bingo! Aceleré. Polla palpitando. ‘Dime, ¿quieres correrme?’. ‘Sí… por favor’, jadeó. Perdió. Lo besé salvaje. ‘Buen chico. Ahora, al lío’.

El Éxtasis Bajo Mi Mandato

Lo arrastré al catre. Lo tiré boca arriba. ‘Piernas abiertas’. Me quité la falda, braga empapada. Me subí encima, coño rozando su polla. ‘Mírame’. Bajé despacio, empalándome. Gruesa, llenándome. ‘Joder, qué prieta estás’, gruñó. Yo movía caderas, cabalgando duro. Tetazas rebotando. Pellizcaba mis pezones, pero yo mandaba el ritmo. Rápido, lento. ‘No te corras aún’. Sus manos en mis caderas, pero yo las aparté. ‘Mis reglas’.

Cambié. A cuatro, él detrás. Pero yo empujaba contra él. ‘Fóllame fuerte’. Polla entrando hasta el fondo, coño chorreando. Choques húmedos. ‘Más, cabrón’. Dedos en mi clítoris, yo frotando. Orgasmos míos primero, dos veces. Gritando. Él al límite. ‘Ahora, córrete dentro’. Explotó, leche caliente llenándome. Colapsamos, sudorosos.

Después, él jadeando: ‘Eres una diosa’. Yo sonriendo, poderosa. Lo había conquistado, dirigido cada segundo. Esa adrenalina, ver cómo sucumbía… adictivo. Mañana, repetimos. Pero con esposas.

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