Tomé el control total y lo hice mío: mi noche de dominio absoluto

Estaba furiosa, caminando con mi maleta por la calle. Dos años con Natacha, y un cabrón con la polla fuera lo arruinó todo. Roja en el semáforo, me la sudaba si me atropellaban. De repente, un coche frena. Miro la placa… Esa Clio. La conozco. Me acerco. La conductora es… ¿Claude? Pero no, una tía sofisticada, con tailleur ceñido, escarpines altos. Sus ojos brillan.

—¿Eres tú, Claude? —digo, con la voz ronca de rabia y curiosidad.

La decisión de conquistarlo y mandar

—Eh… sí —balbucea, ruborizado.

—Genial, llévame a casa. No pienso pillar el bus una hora.

Subo, silencio pesado. Yo rumiando mi breakup, él… ella… mirando el volante. Llego a mi piso, sexto sin ascensor. Él carga la maleta, jadeando con esos tacones. Entro, cierro. Lo miro de arriba abajo. Ese culito bajo la falda, las medias con liga que intuyo. Me mojo al instante.

Doy vueltas alrededor. Toco la tela suave del tailleur. Meto la mano bajo la falda. Sí, bragas, polla semi-dura. Lo empujo al sofá. Me monto a horcajadas en sus rodillas. Beso su boca, lengua dentro, dominante.

—No debí dejarte. Eres chico y chica a la vez. Todo lo que me pone —susurro, mordiendo su labio.

Él gime, manos en mi cintura. Pero yo decido. Esta noche mando yo. Lo bajo del sofá, lo arrincono contra la pared. Le arranco la blusa. Pezones duros, piel suave. Bajo la cremallera de la falda. Polla tiesa saltando.

—Quítate todo. Ahora. Despacio. Quiero verte —ordeno, voz firme.

Obedece, temblando. Queda en bragas y medias. Yo voy a la maleta, saco el arnés con el dildo grueso, negro, venoso. Me lo pongo, lubricante chorreando.

—Arrodíllate. Chúpamela. Muéstrame lo buena puta que eres.

El clímax brutal bajo mis órdenes

Él duda, ojos grandes. Pero mi mirada lo quiebra. Boca abierta, lengua en la punta. La engulle, saliva goteando. La chupa hondo, arcadas suaves. Yo agarro su pelo, follo su cara. ‘Así, cabrón, trágatela toda’.

La tensión sube. Su polla palpita. Lo levanto, lo tiro en la cama boca abajo. Nalgas arriba, perfectas. Azoto fuerte, rojas al momento.

—Pide que te folle el culo. Dilo.

—F-fóllame… por favor…

Bien. Escupo en su ojete, dedo dentro, luego dos. Gime como perra. Posiciono el dildo, empujo lento. Cabeza entra, él grita. Empujo todo, 20 cm enterrados. Empiezo a bombear, lento, profundo. Sus nalgas rebotan contra mí. Sudor, olores a sexo crudo.

—Córrete solo cuando yo diga. Aguanta.

Acelero, cachetazos en el culo. Cambio: lo pongo a cuatro, tiro pelo, follo brutal. Polla suya rozando sábanas, pre-semen por todos lados. Lo giro boca arriba, piernas en hombros. Le miro a los ojos mientras lo penetro hondo. Coño mío chorreando, froto clítoris contra el arnés.

—Voy a correrme… ¡Ahora tú!

Exploto, chorros en mi coño. Él eyacula, leche espesa salpicando su vientre. Saco el dildo, jadeos.

Me tumbo a su lado, sudorosa, poderosa. Él acurrucado, rendido. Sonrío. Lo tenía todo: su sumisión, mi orgasmo brutal. Esa adrenalina de conquista, de ver cómo sucumbe. Nadie me para. Soy yo quien manda en la cama. Y lo repetiré.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top