Me llamo Valeria, tengo 28 años, española en París trabajando de camarera en La Bella Estrella. Ese jueves… uf, tormenta en el aire, pesado, eléctrico. El grupo de la editorial llega exhausto después de un día de mierda en la oficina. Bugs, gritos, pero salvaron la edición. Vienen a celebrar, cocktails, chucrut de mar, cervezas. Yo los sirvo, sonriendo, pero mis ojos… se clavan en ella. La rubia, Anaïs, llaman. 27 años, ejecutiva con traje gris, chemisier blanco, aire de jefa seria. Pero yo veo más: curvas finas, pechos que tensan la tela, culo marcado en la falda. Clásica por fuera, pero… huelo la puta lista para romperse.
Los colegas bromean, Martin el Dr. Green, Robert el viejo charlatán, Lisa la flashy, JB el bebedor, Yves el irónico, Bruno el fotógrafo soñador. Yo les traigo chopes, coqueteo leve con los chicos, pero con ella… la miro fijo. Cuando pregunta mi nombre, ‘Josyane con i griega’, digo grave, mirándola a los ojos. Se ríe tonta, alcoholizada, Piña Colada en mano. ‘Anaïs con i trema’, balbucea, trémula. Dos segundos de silencio. Siento la chispa. Esta noche, la hago mía. Yo decido. Nadie más.
La Tensión que Me Hizo Decidir: Ella Será Mía
La veo levantarse, tambaleante, hacia los baños. Vientre hinchado de birra, falda rozando la mesa. Perfecta. Esperamos todos quitamos chaquetas, hace calor. Ella desaparece. Yo cuento hasta diez, cojo una bandeja vacía como excusa. Corro pasillo, entro sigilosa. Puerta turquesa, espejos, lavabos rosas. Luz parpadea, tormenta apaga el neón. Oscuridad total. La oigo jadear, quitándose las medias, sentada en el borde, falda subida, piernas desnudas. Carne de gallina en su piel clara. Huelo su excitación mezclada con urgencia de mear.
Me acerco muda, felina. La agarro por hombros, la empujo suave pero firme contra el lavabo. ‘Shhh, tranquila, preciosa’, susurro ronco en su oído. Manos en su tripa llena, presiono justo ahí. Boca abierta para gritar, la sello con mis labios carnosos. Lengua invasora, musgosa, la follo la boca. Gime contra mí, patina en el laqueado. ‘Vas a ser mía, Anaïs. Yo mando aquí. ¿Entiendes?’, digo entre besos, mordiendo labio. Asiente temblorosa, eh… sí.
Agua caliente sale del grifo automático, moja su culo desnudo, chorrea entre muslos. Su coño palpita bajo bragas finas. Relajo presión en vejiga un segundo, respiro hondo. Luego cuña mi rodilla entre sus piernas abiertas, mano sube falda, roza ingle. Dedos finos entran bajo bragas, rozan clítoris hinchado. ‘Mira cómo estás de mojada, puta. Para mí’. Otras mano aprieta vientre otra vez. Dedo corazón se hunde en su coño chorreante, fácil, caliente. Clit entre pulgar e índice, pellizco suave. ‘No corras, déjame follarte así’. Baja cabeza a escote desabotonado, lame pezón izquierdo a través tela, muerde. Arquea espalda, gime fuerte.
El Placer Brutal Bajo Mi Mandato
La giro de lado, la pongo a cuatro en el mueble, culo al aire. Bragas rotas de un tirón, crac. Coño expuesto, labios hinchados, jugos goteando. ‘Ahora sí, mi zorra’. Dos dedos dentro, revuelvo paredes vaginales, pulgar en ano rozando. Ritmo brutal, chof chof húmedo. ‘¡Más fuerte! Dime que quieres mi lengua en tu culo’. ‘Sí… Valeria, fóllame…’. Saco dedos, chupo su néctar salado. Lengua plana lame clítoris, aspira, mete en coño. Manos abren nalgas, dedo en ano virgen, lento. Tiembla, vejiga al límite. ‘Mea si quieres, pero córrete para mí primero’.
Explota. Grita, chorros de squirt mezclan con pis caliente, lava lavabo. Cuerpo convulsiona, pezones duros, bava en labios. Yo no paro, seco con secador manos, aire caliente en su coño rubio, ondas calientes. Gime aliviada, la dejo caer.
Luz vuelve un flash, salgo rápida, silueta esbelta. Vuelvo sala, sonriendo. Ella regresa, falda lisa, cara roja, sin bragas. En caja, la rozo pubis disimulo. ‘Recupérate bien, después de tu… mmh… alivio’. Ojos negros brillan. Se va temblando, yo reina. Obtuve todo: su sumisión, su orgasmo brutal. Poder puro, coño mío latiendo aún. Nadie como yo para conquistar así.