La primera vez que vi a Jean, pensé: ‘Mmm, qué polla debe tener ese. Y ese culo… lo voy a hacer mío’. Entré en la empresa como la nueva ayudante del jefe, con mi falda ajustada justo por encima de la rodilla, piernas largas interminables, sin bragas debajo. Sentía el aire rozando mi coño rasurado, ya un poco húmedo de imaginarlo. Pelo castaño suelto, ojos que brillan cuando sonrío. Todos me miraban, las envidiosas y los babosos.
Al principio, lo ignoré. Subí las escaleras, él me sonrió: ‘Hola, bienvenida, soy Jean, marketing’. ‘Gracias, Virginia’. Ni una mirada más. En la comida, ni lo rocé. Tres días después, entro en su despacho, fin de tarde. ‘Necesito los precios de los nuevos productos ya, o no acabo el análisis para el lunes’. Él, sorprendido: ‘Hola…’. ‘Ah, sí, hola Jean. Stress de la primera semana, ya sabes’. Me siento frente a él, falda sube un poco, mis medias color carne al aire. Se nota que le gusta.
La Tensión que Me Encendió: Decidí que Sería Mío
Hablamos, se relaja. ‘Si quieres, te enseño técnicas de relajación’, dice. Sonrío: ‘Por qué no… Aprendo de todo’. Lo miro fijo, dejo que imagine. Días después, en el archivo. Estoy en la escalera alta, fingiendo no llegar al dossier pesado. Él pasa: ‘Te ayudo’. Se cuela entre el armario y yo. Nuestros cuerpos pegan. Siento su pecho contra mis tetas, su aliento acelerado. Mi perfume lo envuelve. Él se pone duro contra mi culo. Río bajito: ‘Qué estrecho, ¿eh?’. Lo miro bajar la vista a mi escote.
Bajo la escalera, cojo el dossier. ‘Espera’, dice. ‘Un beso de gracias al menos’. Río fuerte, me acerco, labios casi tocando los suyos: ‘Gracias…’. Pero no. Lo agarro por la cintura, lo planto contra mí. Mi mano baja a su polla tiesa. ‘Esto no es un gracias. Esto sí’. Le muerdo el cuello suave, siento su escalofrío. Se gira, busca mi boca. Lenguas enredadas, chupando, mordiendo. ‘Quítame la blusa’, le ordeno. Manos temblorosas en mis tetas, sujetador ligero. Bonito C, pezones duros ya. Los aprieto yo misma: ‘Así, cabrón’.
Lo giro contra la pared. ‘Arrodíllate’. Baja lento, ojos en mi coño expuesto cuando levanto la falda. ‘Lámeme ya’. Lengua en mi clítoris, dedos dentro. Gimo: ‘Más profundo, joder’. Lo empujo contra la escalera. Subo un par de peldaños, coño en su cara. ‘Come mi coño como se debe’. Chupa, lame mi ano cuando se lo indico. ‘Eso, métela’. Explotó gritando, piernas temblando, jugos por su barbilla.
El Acto Brutal: Lo Dirigí Hasta el Éxtasis
Bajo, lo beso con mi propio sabor. ‘Ahora tú’. Le bajo los pantalones, polla saltando del bóxer. Grande, venosa. La agarro: ‘Mía’. La lamo desde las bolas, chupando lento. ‘No corras’. La meto entera en mi garganta, bombeo fuerte. Él gime: ‘Virginia…’. ‘Cállate y disfruta’. Lo paro antes de que reviente. ‘Aún no’.
Lo empujo al suelo. Me monto encima, coño tragando su polla hasta el fondo. ‘Mira cómo te follo’. Subo y bajo, tetas rebotando. Cambio: lo pongo a cuatro, le clavo uñas en el culo. ‘Dame por detrás’. Pero yo controlo el ritmo, azotando sus nalgas rojas. ‘Más fuerte, puta’. Grita de placer. Lo monto de nuevo, frotando clítoris contra él. ‘Voy a correrme otra vez’. Explotamos juntos, su leche llenándome, yo chorros sobre su polla.
Me aparto, jadeando. Él mira embobado, exhausto. ‘Eso fue… increíble’. Sonrío, vistiéndome: ‘Sabía que sucumbirías. Ahora, a trabajar’. Salgo, piernas flojas pero poderosa. Lo tenía comiendo de mi mano. Adrenalina pura, mi coño latiendo de victoria. Lo conquisté, lo usé. Y volverá por más.