Estaba en Budapest, febrero del 2013. Frío de cojones, menos ocho grados. La Asamblea Mundial de la Pornografía Audiovisual, AMPAV. Todos con cara de funeral por los putos sites gratis. Yo, delegada española, curvas que matan, tetas firmes y un coño que no para de palpitar. Vi a Hans Weird, el alemán ese con sus pelis salaces. Hablaba de la crisis, mostró un video de estudiantes follando sin gracia: mamada, culo, lefa en la cara. Aburrido. Pero él… alto, fuerte, con esa polla que se adivinaba bajo los pantalones. Me mojé al instante. Decidí: esta noche es mío. Lo controlaría todo.
Al salir del Palacio de Congresos, las FEMEN protestando con tetas al aire. Yo me acerqué a Hans en el hall. ‘Hans, ¿charlamos en privado? Mi habitación está cerca.’ Él dudó, sonrió. ‘Claro, guapa.’ Subimos al hotel. En el ascensor, lo miré fijo. ‘Escucha, cabrón. Esta noche mando yo. Te follaré como quiera, cuando quiera. ¿Entendido?’ Se le encendieron los ojos. ‘Sí… sí, joder.’ Abrí la puerta, tiré mi abrigo. Vestido ajustado, sin bragas. ‘Quítate todo. Ya.’ Se desnudó torpe, polla semi dura, gruesa, venosa. Me acerqué, olía a colonia cara y sudor nervioso. Le agarré las pelotas. ‘De rodillas. Mírame.’ Él obedeció, temblando. La tensión subía, mi clítoris latiendo. ‘Buen chico. Ahora vas a lamerme hasta que grite.’