Tomé el Control: Cómo lo Hice Sucumbir a Mis Deseos

Lo vi en ese bar cutre, con su cuerpo ancho, esas nalgas que se marcaban bajo los pantalones. Fuerte, confiado, pero yo sabía que caería. Me acerqué, sonrisa pícara. ‘¿Vienes conmigo o qué?’, le dije directa. Él dudó un segundo, pero mis ojos lo atraparon. En mi piso, cerré la puerta y ya. ‘Quítate todo, ahora’, ordené. Se desnudó lento, nervioso. Dios, qué culazo. Grande, firme. Me mojé al instante.

Me planté detrás de él, lo empujé suave pero firme. ‘A cuatro patas, cabrón’. Obedeció, temblando un poco. Agarré sus caderas anchas, crucé los brazos ahí, sintiendo su calor. Era mío. Extendí las manos por su espalda ancha, arañando leve. ‘Vas a hacer lo que yo diga’, murmuré en su oreja. Él gimió un ‘sí’. La tensión subía, mi coño palpitaba. Decidí las reglas: yo mandaba, él se rendía. Le di una nalgada fuerte, el eco retumbó. ‘Más bajo’, le dije. Su culo se abrió un poco, invitándome. Mi ego se hinchaba, esa adrenalina de la caza me volvía loca.

La Decisión de Conquistarlo

Empujé mi lengua primero, tímida, rozando su ano. Él jadeó. ‘Quieto’. Lamí despacio, saboreando su piel salada, ese olor macho que me enloquecía. Luego, metí un dedo, lubricado con mi saliva. ‘¡Joder!’, gruñó. Yo reí bajito. Agarré su polla dura desde abajo, la apreté, masturbándola mientras mi dedo entraba y salía. Ritmo mío, violento. ‘Más profundo, ¿eh?’, me pidió. ‘Cállate y aguanta’. Escalaba esa montaña de carne, mi lengua ahora voraz, lamiendo sus huevos, chupando fuerte. Él se retorcía, suplicando. Yo controlaba todo: el ritmo, la fuerza.

Me quité el tanga, empapado. ‘Ahora me vas a comer el coño’. Me senté en su cara, ahogándolo en mis jugos. Su lengua torpe al principio, pero yo la guiaba, moviendo caderas. ‘Así, joder, lame mi clítoris’. Grité cuando lo rozó bien. Luego, lo volteé. Su polla tiesa, goteando. Me subí encima, en vaquera inversa, su culo bajo mis nalgas. La clavé de un golpe, hasta el fondo. ‘¡Aaaah!’. Mis caderas chocaban contra las suyas, yo imponía el galope. Agarré su pelo, tiré hacia atrás. Su cara se giró, ojos de perra en celo. ‘Mírame mientras te follo’. Beso salvaje, mi lengua invadiendo su boca, robándole aire. Él pujaba, pero yo mandaba.

El Acto Brutal y Mi Triunfo

Cambios de posición: lo puse de lado, una pierna arriba, embistiéndolo con furia. Mi coño lo ordeñaba, apretando. ‘Vas a correrte cuando yo diga’. Sudor por todos lados, olores mezclados: sexo puro, crudo. Le metí dos dedos en el culo mientras cabalgaba, él aulló. Mi orgasmo subió, tempesta. Grité ‘¡Ahora!’, y él explotó dentro, chorros calientes. Yo seguí moviéndome, exprimiéndolo hasta la última gota.

Me derrumbé sobre su espalda ancha, jadeando. Su cuerpo temblaba bajo el mío, inerte. Sonreí, satisfecha. Lo había conquistado, dirigido cada segundo. Esa potencia post-sexo, saber que fui yo quien lo rompió. Me levanté, él aún gimiendo. ‘Buen chico’. Puerta abierta a más noches así. Total control, placer mío.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Scroll to Top