Acabábamos la reunión con el jefazo en ese hotel pijo de Madrid. Javier, mi colega, tan guapo y serio todo el rato. Yo, con el coño palpitando de lo que habíamos follado antes. El aperitivo estaba acabando, colegas se iban. Yo lo miro, le cojo la mano. ‘Ven, rápido’. Él duda, ‘¿Cristina, qué pasa?’. Lo arrastro a la salita de al lado, oscura, con un vestuario al fondo. Cierro la puerta, oscuridad total, solo su respiración acelerada.
Me pego a él, mis tetas contra su pecho. ‘Shh, aquí mando yo’. Le beso duro, mordiendo su labio inferior, chupando su lengua como si fuera su polla. Él gime, manos en mi culo. Yo bajo la mano, aprieto su paquete. Está duro ya, la polla hinchada bajo el pantalón. ‘Mira lo que me haces’. Saco mi tanga roja de la falda, empapada, con mi crema blanca pegajosa. Se la planto en la cara. ‘Huele, lame mi jugo’. Él obedece, lengua en la tela, ojos clavados en mí. ‘Eres una puta insaciable’, murmura.
La tensión que me encendió
‘Exacto, y tú vas a follarme como a una zorra’. Me giro, subo la falda hasta la cintura, faldas desnudas al aire. Me apoyo en la mesa, abro piernas, clavo los tacones. Mi coño chorreando, labios hinchados, culo en pompa. ‘¡Fóllame ya, Javier! Métemela toda, sin condón, quiero tu leche dentro’. Él jadea, baja el zipper, saca la polla gruesa, venosa. Me roza el clítoris, estoy ardiendo.
Me clava de un golpe, hasta el fondo. ‘¡Joder, qué prieta estás!’. Empieza a bombear, manos en mis caderas, pellizcando carne. Yo marco el ritmo, empujando hacia atrás. ‘Más fuerte, cabrón, rómpeme el coño’. La mesa tiembla, crac crac de piel contra piel. Siento su glande abriéndome, rozando mi punto G. Mis jugos chorrean por sus huevos. Gimo bajo, ‘Sí… así… no pares’. El orgasmo sube rápido, me corro apretándolo, espasmos en las piernas, coño chupando su polla.
El clímax de mi dominio
Él frena, pero yo no. ‘¡Sigue, quiero más! Dame tu corrida, lléname’. Agarro sus manos, las pongo en mis tetas, él las amasa salvaje. Acelera, embiste como un animal, sudor goteando. ‘Me corro, Cristina…’. Siento el chorro caliente, semen espeso inundándome, salpicando dentro. Grito ahogado, otro orgasmo me parte, cuerpo temblando. Él se vacía, gruñendo.
Me separo despacio, su polla sale chorreando mezcla nuestra. Cojo la tanga, se la enseño, mancha fresca creciendo. ‘Mira, tu leche y la mía. Me la pongo, quiero sentirte escurrir todo el día’. Él me mira atónito, polla goteando. Sonrío, bajo falda. ‘Ahora sí, vámonos’. Camino segura, coño lleno, pegajoso entre muslos. Me siento poderosa, dueña de su placer, de su deseo. Él es mío cuando yo quiero. Esa adrenalina… joder, no hay nada igual.