Hoy mismo, o casi, acabo de vivirlo. Jean-Charles y yo, compañeros de trabajo en la agencia. Él, casado con una devota, todo rigidez y tradición. Yo, libre, abierta, con ganas de cazar. Después de visitar dos obras por la mañana, paramos en ese snack cutre que conozco. Buenísimo, barato. Nos sentamos en una esquina, tranquilos.
Hablamos de todo. Su mujer, que no sale, odia la comida exótica. Yo, riendo, le pincho: ‘¿Y tú? ¿Has cambiado?’. Él confiesa, titubea: ‘Sí… hay grises… colores’. Menciono a mi ex, el negro que se largó con su familia. Él se atraganta: ‘¿Mariado?’. Le suelto: ‘Yo sabía, y lo disfruté’. Luego, él suelta que solo una vez se tentó… por alguien como yo. ‘Misma altura, cara…’. Me miro en el reflejo del vaso. Sonrío.
El almuerzo donde decidí que sería mío
‘¿Yo? ¿Tu tentación?’. Él rojo, balbucea: ‘Sí… te deseo’. Ahí lo decido. Este tío será mío. Le cojo las manos: ‘Jean-Charles, yo también. Pero yo mando. Nada de remordimientos. ¿Vienes al hotel ahora?’. Él duda: ‘Pero mi mujer…’. ‘Cállate. Yo decido. Paga y vámonos’. Me besa, febril. Yo controlo el beso, profunda, lengua dominante. ‘Reglas: yo digo qué, cómo y cuándo. ¿Entendido?’. Asiente, polla ya dura bajo la mesa.
Llegamos al hotel de la zona industrial. Parking feo, habitación sosa. Él nervioso, se quita pantalón. Yo entro en lencería, tetas al aire pronto. ‘Mira cómo me pones’. Su erección asoma. Le empujo a la cama: ‘Quítate todo. Manos quietas’. Le beso el cuello, muerdo oreja. Bajo, agarro su polla gorda: ‘Mira qué dura… para mí’. La chupo, saliva chorreando, lengua en el glande. Él gime: ‘Annette… dios…’. ‘Cállate, solo gime’.
En la habitación: yo mandando, él rindiéndose
Le monto la cara: ‘Come mi coño’. Su lengua torpe al principio, pero aprende. Le aprieto la cabeza con muslos: ‘Más adentro, lame el clítoris’. Me corro fuerte, jugos en su boca. ‘Buen chico’. Ahora, su turno, pero yo dirijo. Le monto a horcajadas: ‘Mira mis tetas rebotar’. Me hundo en su polla, chorreando. Cabalgo salvaje, nalgas golpeando. ‘¡Fóllame tú? No, yo te follo’. Le pellizco pezones, araño pecho. Él jadea: ‘Me vengo…’. ‘No hasta que yo diga’. Aprieto Kegel, lo freno.
Le doy la vuelta: ‘A cuatro patas’. Le meto dedo en culo mientras lo cabalgo por detrás. ‘¡Sí, así!’. Polla hinchada, venas pulsando. Me corro otra vez, gritando. ‘Ahora, córrete dentro’. Él explota, semen caliente llenándome. Colapso sobre él, sudados, olor a sexo puro.
Después, él jadea: ‘Nunca así…’. Yo sonrío, poderosa: ‘Lo sé. Tengo lo que quieres. Y tú, lo que mando’. Le beso posesiva. Salimos, él mío. En el parking de la oficina, días después, lo arrincono: ‘Sin bragas hoy’. Le hago correrse en mi mano. Poder total. Él sucumbe, yo conquisto. Adrenalina pura, él adicto. ¿Mi mujer ideal? No, yo soy su diosa ahora.