Mi Jardín Prohibido en Roma: Tomé el Control y lo Hice Mío

Acabo de volver de ese jardín loco en Roma antigua. Mi amigo me lo regaló, un puto edén de cuerpos jóvenes, esclavos capturados de todas partes. Africanos musculosos, nórdicos pálidos, celtas salvajes… todos desnudos, con la polla tiesa por orden. Huileados, brillando bajo el sol del atardecer. Yo, con mi túnica azul fina pegada al cuerpo por el sudor, caminando entre ellos. El aire caliente olía a aceite, a piel caliente, a deseo contenido.

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Los toco uno a uno. Esta verga dura, palpitante en mi mano. Humeda ya de precum. Él suspira bajito, pero no se mueve. Las reglas son claras: inmóviles como estatuas. Paso al siguiente, un libio enorme, polla como un tronco. Pero no. Mis ojos se clavan en él. El flaco, el gracil como una chica. Piel suave, ojos inocentes, mirada que dice ‘primera vez’. Su polla curva hacia arriba, implorando. Siento el calor subir por mi coño. Ya estoy mojada, los labios hinchados rozando bajo la túnica.

La Tensión que Me Hizo Decidir

Me acerco más. ‘Tú’, le digo, voz firme. ‘Serás mío esta noche. No te muevas a menos que yo diga’. Él traga saliva, asiente temblando. Los demás miran, pero yo soy la reina aquí. Siento la adrenalina, el poder. Mi mano aprieta su polla, la aprieto fuerte. Gime bajito. ‘Silencio’, ordeno. ‘Solo cuando yo lo permita’. La tensión me recorre la espalda. Decido: lo voy a follar hasta que suplique. Le dirijo la cabeza hacia abajo. ‘Mírame a los ojos. Vas a obedecer cada orden’. Su respiración acelera, polla latiendo en mi puño.

Lo arrastro a un rincón sombreado, hierba suave bajo mis pies descalzos. ‘De rodillas’, mando. Obedece, rodillas hundiéndose. Mi túnica sube, expongo mi coño depilado, chorreando. ‘Lámeme’. Su lengua tímida toca mi clítoris. ‘Más fuerte, joder’. Empujo su cabeza contra mí. Lamidas torpes al principio, luego ansiosas. Gimo, mis caderas follan su cara. ‘Así, cabrón, chúpame el clítoris’. Sabe a sal, a mi excitación. Le agarro el pelo, lo empujo más adentro.

El Acto Brutal Bajo Mis Órdenes

Me corro rápido, temblores en las piernas. ‘Ahora tú’. Lo tumbo boca arriba, hierba fresca contra su espalda. Monto su cara otra vez, pero no. Quiero su polla. Me posiciono sobre él, coño rozando su punta. ‘No te corras hasta que yo diga’. Bajo despacio, su verga entra centímetro a centímetro. Estrecha, caliente, me llena. Empiezo a cabalgar, lento al principio. Sus caderas quieren moverse, pero ‘¡Quieto!’. Mis tetas rebotan, pezones duros. Acelero, polla golpeando mi fondo. ‘¡Fóllame con la mirada, pero no te muevas!’.

Gira su cabeza hacia las otras esclavas, unas chicas vírgenes con coños rosados humedeciéndose. ‘Mira cómo las pones cachondas’. Una se toca disimuladamente. Cambio posición: me pongo a cuatro, ‘Métemela por detrás’. Obedece, pero yo controlo el ritmo, empujando contra él. Su polla palpita, bolas contra mi clítoris. ‘Más profundo, joder’. Le azoto el culo. Grita ahogado. Le meto un dedo en el ano, masajeo su próstata. Explota dentro, chorros calientes llenándome. ‘¡Sí, córrete ahora!’.

Me aparto, semen goteando de mi coño. Él jadea, exhausto, mirada de rendición total. Yo, erguida, tetas al aire, sonrío. Poder puro. Lo conquisté, lo dirigí como quise. El jardín sigue ahí, pero él fue mío al 100%. Siento la fuerza en cada músculo, el coño satisfecho palpitando. Nadie me para. Soy la dueña del placer.

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