Cómo tomé el control en el camping del Gran Paradiso

Llegué al camping de Valnontey con mi tienda high-tech, lista para desconectar en el Gran Paradiso. Hacía calor de día, frío de noche, pero yo venía preparada. Vi a ese francés montando su iglú modificado, solo, sudando con sus bultos. Alto, curtido, con ojos curiosos. Me miró de reojo mientras yo clavaba mis piquets. ‘Buenas’, le dije en inglés, con sonrisa lobuna. Él farfulló algo, nervioso. Esa noche, tormenta. Yo en mi tienda, oyendo la lluvia martillear. Él pasó cerca, chapoteando. Salí en bragas y camiseta ajustada, empapada ya. ‘Ven, entra, te mojas’, le ordené, sin pedir. Dudó, pero entró. El espacio era pequeño, calor del aislante subiendo. Su olor a sudor y monte me encendió. ‘Quítate eso’, señalé su ropa chorreante. Se quedó en calzoncillos, polla medio dura ya. Yo me acerqué, pecho contra su torso. ‘Hoy mando yo. Tú obedeces. ¿Entendido?’ Asintió, tragando saliva. Le besé duro, mordiendo labio. Mis manos bajaron, apreté su paquete. ‘Buen chico. Vas a darme lo que quiero’. La tensión crepitaba, su respiración agitada. Yo decidí: él sería mío esa noche.

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Le empujé al matelas autogonflant. ‘Arrodíllate’. Obedeció, rodillas en el suelo blando. Saqué mis tetas, pezones duros rozando su cara. ‘Chúpamelos, despacio’. Lamía torpe al principio, gimiendo bajito. Yo gemí fuerte, arañando su nuca. ‘Más lengua, joder’. Luego, le bajé los calzoncillos. Su polla saltó, venosa, goteando ya. ‘Mírame mientras te la mama’. Me arrodillé, tragué hasta la garganta, saliva chorreando. Él jadeaba, ‘Dios…’. Escupí, masturbé rápido. ‘No corras aún, cabrón’. Le puse a cuatro patas, culo al aire. Lamí sus huevos, mordí nalga. ‘Ahora mi coño’. Me tumbé, piernas abiertas. Él se lanzó, lengua en mi clítoris hinchado. Yo agarré su pelo, follándole la boca contra mi chocho mojado. ‘Así, más adentro’. Gemí ronca, jugos por su barbilla. Le monté, polla hundiéndose en mi coño apretado. Reboté salvaje, tetas botando. ‘¡Fóllame fuerte, pero yo marco el ritmo!’. Le pellizqué pezones, clavé uñas en pecho. Cambié: levrette, él detrás, pero yo empujando contra su verga. ‘¡Dale, métemela hasta el fondo!’. Sudor goteaba, tienda oliendo a sexo puro. Le saqué, le metí un dedo en el culo. ‘Relájate’. Él gruñó, polla palpitando. Volví a montarlo reversa, culo rebotando en sus muslos. ‘Voy a correrme en tu polla’. Orgasmos me sacudieron, coño estrujando su tronco. Él suplicó, ‘Por favor…’. ‘Ahora sí, córrete dentro’. Eyaculó chorros calientes, yo apretando hasta vaciarlo.

La decisión de conquistarlo

Me aparté, él jadeante, polla chorreando semen. Yo sonriendo, poderosa. ‘Límpialo con la lengua’. Lo hizo, manso. Me vestí despacio, él mirándome embobado. ‘Fue perfecto. Tú, mío total’. Salí a la noche estrellada, adrenalina bombeando. Lo había conquistado, dirigido cada embestida, cada gemido. Poder puro, viendo su rendición. Mañana, quizás más. Pero esa noche, yo gané todo.

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