Tomé el Control: Cómo Seduje a la Pareja y los Hice Sucumbir a Mis Deseos

Estaba ahí, pegada a las rejas, mirando esa luz amarilla. La ventana de Virginia y Gerardo. Yo, Lidia, una tía hecha mierda por la calle, pero con fuego dentro. Me vieron, me invitaron. Ducha caliente, ropa limpia, cena que me llenó el estómago. Pero yo no iba a ser la víctima. No más. Esa noche, decidí: ellos serían míos.

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Después de cenar, Gerardo se durmió en el sofá. Virginia y yo charlamos bajito. Sus ojos me recorrían, curiosos. Le puse la mano en la rodilla. ‘¿Sabes qué? Tú y tu hombre me vais a dar lo que quiero’. Ella parpadeó, sonrojada. ‘Lidia, ¿qué dices?’. Me acerqué, mi aliento en su cuello. ‘Shh. Yo mando ahora. Despierta a Gerardo. Vamos a la cama. Y haréis lo que os diga’. Dudó un segundo, pero vi el brillo en sus ojos. Lo quería. Se levantó, lo zarandeó suave. ‘Cariño, Lidia quiere jugar’. Él abrió los ojos, confundido, pero yo ya estaba de pie, peinador suelto, tetas al aire. ‘Sígueme. Sin preguntas’.

La Decisión de Conquistar

Entramos en su cuarto. La luz tenue. Los empujé al colchón. ‘Quitaos la ropa. Despacio’. Virginia se mordió el labio, obedeciendo. Sus pechos firmes, coño depilado reluciendo ya. Gerardo, polla medio dura, la sacó tiesa mirándome. Me reí bajito. ‘Buen chico. Tú, Virginia, a cuatro patas. Abre las piernas’. Ella se puso, culo en pompa, húmeda. Me arrodillé detrás, olí su excitación. Manos en sus nalgas, separé. ‘Gerardo, lame su coño. Hazla gemir’. Él se acercó, lengua dentro. Ella ahogó un grito: ‘¡Ay, Dios!’. Yo le agarré la cabeza, empujando. ‘Más fuerte. Hazla chorrear’.

La tensión subía. Mi clítoris palpitaba. ‘Ahora, Virginia, chupa mi coño’. Me tumbé, piernas abiertas. Ella gateó, boca ansiosa. Lamía torpe al principio. ‘Usa la lengua así… sí, joder, bien’. Gemí, tirando de su pelo. Gerardo jadeaba viéndonos. ‘Tú, méteme los dedos’. Obedeció, dos dentro, follando mi humedad. ‘¡Más rápido!’. El cuarto olía a sexo, sudor, deseo puro. Decidí cambiar. ‘Gerardo, fóllame. Pero despacio, como yo diga’. Se colocó, polla gorda en mi entrada. Empujó. ‘¡Para! Solo la punta’. Él sudaba, conteniéndose. ‘Ahora, todo. Fuerte’. Me penetró, gruñendo. Yo dirigía: ‘Ralentiza… acelera. Así, cabrón’.

El Placer Bajo Mis Órdenes

La follada fue brutal. ‘Virginia, siéntate en mi cara’. Ella lo hizo, coño mojado en mi boca. Lamí su clítoris, chupé sus labios hinchados. Ella se retorcía: ‘¡Lidia, me corro!’. Yo mordí suave: ‘No aún. Espera mi orden’. Gerardo me taladraba, polla hinchada. ‘Cámbiame de posición. A cuatro yo ahora’. Me puse, él detrás, embistiendo. Agarré a Virginia: ‘Chúpame las tetas’. Sus labios en mis pezones, succionando. ‘¡Folladme los dos!’. Gemidos everywhere, cuerpos chocando. ‘Gerardo, sácala. Ahora en su culo’. Él dudó. ‘¡Hazlo!’. Lubricó con mi saliva, entró en ella. Virginia gritó placer. Yo me masturbaba viendo. ‘Córrete dentro’. Él explotó, semen chorreando.

Al final, exhaustos. Yo en medio, ellos acurrucados a mí. ‘Habéis sido buenos’. Besé sus labios salados. Sentí el poder: los había conquistado. De la calle a reina de su cama. Mañana más, pero esa noche, yo gané. Poder puro, coños y pollas a mis pies. Joder, qué rush.

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