Cómo Tomé el Control Total y lo Hice Sucumbir a Mis Deseos

Estábamos en la fiesta de fin de curso del instituto. Luces tenues, risas, cava fluyendo. Yo, Catalina, profe de literatura, con mi vestido rojo ceñido que marcaba cada curva. Lo vi: Miguel, el guapo de Educación Física, casado con esa sosa de Thérèse. Alto, musculoso, sonrisa de conquistador. Pero esa noche, yo iba a ser la cazadora.

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Me acerqué, roce casual en el buffet. ‘¿Qué tal, Miguel? ¿Listo para las vacaciones?’, le dije, voz baja, ojos fijos en los suyos. Él balbuceó algo sobre el fútbol. Sentí la adrenalina. Su boda no me importaba. Yo mandaba. ‘Ven conmigo’, susurré, tirando de su mano hacia las plantas del fondo. Él dudó, miró alrededor. ‘Mi mujer…’, murmuró. ‘Cállate. Esta noche eres mío. Yo decido. Reglas: no hablas, obedeces. Si no, te dejo con las ganas.’ Su polla ya se notaba dura bajo los pantalones. Asintió, hipnotizado.

La tensión que me encendió: decido que es mío

Lo llevé a su coche, ‘A tu casa. Thérèse no está, ¿verdad?’. Él confirmó, nervioso. En el camino, mi mano en su muslo, subiendo lento. ‘Vas a follarme como yo diga. Nada de tonterías románticas.’ Llegamos. Puerta cerrada, lo empujé contra la pared. Beso salvaje, mordí su labio. ‘Quítate la ropa. Ahora.’ Se desnudó temblando. Su polla tiesa, gruesa, venosa. La agarré fuerte, apreté. ‘Buen chico. Vas a lamerme primero.’ Lo tiré al sofá, abrí las piernas sobre su cara. ‘Lame mi coño, profundo. Usa la lengua.’ Grité cuando entró, chorreando ya. Sus manos en mis tetas, pero yo controlaba el ritmo, restregándome.

Suficiente. ‘Ahora fóllame la boca.’ Me arrodillé, tragué su polla entera, saliva goteando, garganta profunda. Él gemía, ‘Joder, Catalina…’. ‘Cállate y aguanta.’ Lo chupé hasta que estuvo al borde, entonces paré. ‘A la cama. Tú abajo.’ Lo monté, coño empapado tragándosela toda. Cabalgué duro, tetas rebotando, uñas en su pecho. ‘¡Más rápido! ¡Fóllame fuerte!’ Cambié, perrito: ‘Métemela hasta el fondo, pero yo digo cuándo parar.’ Sentí su polla hinchada, mis paredes apretándola. ‘Ahora el culo. Lubrica con mi coño.’ Empujó lento, grité de placer. ‘¡Raméname! ¡Sí, así, cabrón!’ Lo azoté, él jadeaba, sudado.

El clímax brutal: dirijo cada embestida

Lo volteé, misionero inverso. ‘Mírame mientras te corro’. Cabalgué de nuevo, clítoris frotando, orgasmo explotando, squirt en su polla. Él suplicó, ‘Déjame correr…’. ‘No. Aguanta.’ Lo apreté con mis músculos, ordeñándolo. Finalmente, ‘Córrete dentro de mi culo. ¡Ahora!’ Rugió, llenándome caliente, temblando. Colapsó, exhausto.

Me levanté, jugos bajando por mis muslos. Él jadeaba, mirada de rendición total. ‘Vístete y vete. Esto fue mío.’ Salí con una sonrisa, poder puro en las venas. Lo había conquistado, dominado, vacío. Adrenalina de victoria, coño aún palpitando. Esa noche, yo era la diosa. Él, solo un juguete que sucumbió. Nunca más dudaría de mi control.

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