Estábamos cabeza con cabeza en el sillón del consultorio. Yo encima, mi coño peludo justo en su cara. Mmm, qué vista le regalé. Tozuda, natural, como a mí me gusta. Él jadeaba, olía mi aroma fuerte, ese olor a mujer cachonda que lo volvía loco. Sus manos temblaban, tocándome las nalgas, pero yo decidí: hoy mando yo. ‘Quieto, Clément, no toques hasta que yo diga’, le ordené con voz firme. Él obedeció al instante, los ojos vidriosos. Sentí su lengua tímida rozando mi clítoris hinchado, grande como una polla pequeña, rojo y palpitante. Lo pinché con los labios, lo chupé fuerte. Él gimió contra mi piel. ‘Así, cabrón, lame más profundo’. Sus dedos entraron en mi chocho empapado, chapoteando. Yo controlaba el ritmo, moviendo las caderas, restregándome en su boca. La tensión subía, mi cuerpo ardía. Él era mío.
Pero no le dejé acabar rápido. Bajé del sillón, vi su polla tiesa, abandonada. ‘Ahora te cuido yo’, dije sonriendo. Me senté en la silla, la ajusté perfecta. Englutí su verga entera, bolas incluidas. Las rodé en mi lengua, succionando como una puta experta. Él se retorcía, ‘¡Mme Besson, por Dios!’. ‘Cállate y disfruta’, gruñí con la boca llena. Sentí sus huevos tensarse, lo ordeñé con las mejillas hundidas. Eyaculó a chorros, todo tragado, ni una gota desperdiciada. ‘Bien, ahora relájate, sigo con el destartraje’. Nuestros cuerpos desnudos, yo al mando. Le prometí un vuelo el sábado. Él aceptó, rendido.
La Conquista en el Sillón Dental
Sábado, aeroclub. Llegué en minifalda, sin bragas, tetas sueltas bajo el bolero. Calor asfixiante. Él preparaba el avioncito. Lo vi nervioso con su short corto. ‘Sube, Clément, yo piloto hoy’, le dije directa. Trepé al ala, abrí piernas sin pudor, mi coño peludo al aire. Él miró, tragó saliva. Me ayudó con la pierna, nariz pegada a mi raja. ‘¿Ves? Sin culotte, para moverme libre’. En el asiento, piernas abiertas alrededor del manche. Calor infernal con la carlinga cerrada. ‘Enséñame a volar’, exigí. Agarré el mando, él verificaba. ‘Abre más las piernas’, pidió. Sonreí pícara, ‘Solo si prometes obedecer’. Despegamos. Él tenso al principio, yo admirando el paisaje. ‘Hace calor, quítatelo todo’, sugirió. Me arranqué el bolero, tetas enormes balanceándose. Piloteaba concentrada, pero él libre, me tocó un pezón. ‘¡Quieto! O estrellamos’, reí. Pero yo quería más. Dejé el manche un segundo, agarré su mano, la metí en mi coño chorreante. ‘Tócame, pero como yo diga. Dedos adentro, cabrón’. El asiento mojado de mi jugo. Él frotaba mi clítoris, yo gemía, ‘¡Más fuerte! Follarme con la mano’. El avión zigzagueaba, yo al borde. ‘¡Para, toma tú el mando! Yo te follo ahora’.
Lo obligué a estabilizar, me subí a horcajadas encima de él, polla fuera del short. ‘Mírame a los ojos mientras te monto’. Me empalé en su verga dura, hasta el fondo. ‘¡Joder, qué prieta estás!’, balbuceó. Cabalgué salvaje, tetas en su cara, restregando pezones. ‘Chúpamelas, lame mi sudor’. Mi coño peludo tragándosela entera, chapoteos rítmicos. Controlaba todo: subidas lentas, embistes profundos. ‘No corras aún, aguanta’. Él suplicaba, ‘¡Por favor, déjame!’. Aceleré, clítoris frotando su pubis. Orgasmos míos primero: temblé, squirté en su polla, petardeé sin vergüenza, riendo. ‘Eso es, libéralo todo’. Luego lo dejé explotar dentro, semen caliente llenándome. Bajamos exhaustos. ‘Has sido perfecto, mío del todo’. Sentí el poder, él sucumbió. Adrenalina pura, placer total. Lo que quise, lo tuve.