Tomé el Control en la Cabina: Mi Conquista Lésbica Brutal

Llegó al centro comercial con esa falda clara, suelta, el escote marcando el principio de sus tetas. La vi caminar hacia mí y ya supe: hoy era mía. Le había mandado mensaje claro: nada de pantalones. ‘¡Ey, Val! Estás para zamparme entera’, le dije, besándola cerca del oído. Ella se sonrojó, ‘Gracias…’. Su voz temblaba un poco. Perfecto.

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Entramos en la boutique de lencería, esa con calendarios que ponen cachondos a todos los tíos. La dependienta, una rubia mona, nos sonrió: ‘Buenas, señoras’. La ignoré y tiré de Val hacia los conjuntos más calientes. Elegí uno negro y morado, tulle fino, sujetador que realzaría sus curvas. ‘¿Tus medidas?’, pregunté fingiendo. ’90B arriba, 40 abajo’, murmuró, como avergonzada. Sonreí. La cogí de la mano, sin importarme la dependienta, y la metí en la cabina del fondo. ‘Pruébatelo. Ya verás’.

La Tensión que Impuse Antes del Placer

Se metió dentro, yo esperé fuera un rato. Oí la falda caer, el roce de la ropa. Luego abrí el cortinón y entré, cerrándolo rápido. Estaba casi desnuda, solo con su viejo sujetador. Se miró en el espejo, insegura. ‘¿Qué tal?’, me preguntó, girándose. Me pegué a su espalda, mis manos directas a sus tetas, apretando el sujetador nuevo. ‘A mi gusto, sí. Mira cómo se te ponen los pezones duros’. Ella cerró los ojos, gimiendo bajito. ‘Julieta… la dependienta…’. ‘Cállate. Le dije que es un regalo especial. Nadie molesta’.

La empujé contra la pared, suave pero firme. Mi cuerpo pegado al suyo, el vaquero rozando su culo desnudo. Sentía su calor, su humedad ya goteando. ‘Vas a mojar las bragas, guarra’. Bajé la suya de un tirón, ella levantó los pies obediente. Ahora solo sujetador. Manos en la pared, ojos cerrados, esperando. Me quité la camiseta, mis tetitas pequeñas rozando su espalda, pezones tiesos contra su piel suave. ‘Estás a mi merced, Val. Hoy mando yo’.

Mi mano se coló entre sus muslos. Joder, qué mojada estaba, el coño chorreando. Le rocé el clítoris con el pulgar, rápido, y gimió fuerte. ‘Shh… o te tapo la boca’. Dos dedos directos dentro, su coño apretado tragándoselos. Empujé fuerte, como follándola de verdad. ‘¡Ahh… Julieta!’. Su culo se movía contra mí, pidiendo más. Oía el chapoteo húmedo, su olor a sexo llenando la cabina. Aceleré, frenando cuando gritaba demasiado, luego de nuevo, salvaje. ‘Goza para mí, puta. Quiero sentir cómo te corres en mis dedos’.

El Acto Crudo: La Follé Sin Piedad

Se tensó, el cuerpo arqueado. ‘¡Ven… por favor!’. No paré, la pistoneé hasta el fondo. Gimiendo ronco, se corrió empalada en mi mano, jugos por mis dedos, temblando toda. La saqué despacio, lamiéndome los labios. Se giró, ojos vidriosos, besándome con hambre. ‘Te amo’, susurró. Sonreí, pero no respondí. La hice sentarse en el banquito, piernas abiertas. ‘Ahora me toca a mí. No te muevas’. Bajé mi cremallera, sin bragas debajo, mi coño a su cara.

Pero yo dirigía: le cogí la cabeza, guiándola a mi clítoris. ‘Lame, chupa fuerte’. Su lengua entró en faena, lamiendo mi chocho, mordisqueando. Gemí bajito, controlando el ritmo. ‘Más adentro… sí, ahí’. Levanté las nalgas, ofreciéndole el culo. ‘Lámeme el ano, guarra’. Lo hizo, lengua caliente en mi agujero, oliendo fuerte, excitante. Me corrí en su boca, ahogando el gemido con la mano. Joder, qué poder.

Salí primero, pagué el conjunto como si nada. La dependienta sonrió cómplice. Fuera, la abracé: ‘Buen cumple, Val. Sabía que sucumbirías’. Sentí la adrenalina, la conquista total. Ella era mía, cuando yo quisiera. Poder puro, placer dominado al milímetro. Nadie me para.

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