Hola… o buenas noches, da igual. Mira, acabo de vivirlo, eh. Anoche, en un bar cutre del centro, lo vi. Alto, como 1,82, piel dorada, ojos grises que te clavan, pelo negro liso. Manos finas, de pianista, me dijo que tocaba desde crío. Mezcla rara, madre tailandesa, padre marroquí. Charlamos, coqueteo suave. Yo, con mi vestido negro ajustado, tetas marcadas, culo que pide guerra. Él nervioso, risas cortas. Sentí la adrenalina, esa que me pone cachonda. Decidí: esta noche es mío. Lo agarro del brazo. ‘Vente conmigo’, le suelto, voz baja, segura. En taxi, mi mano en su paquete. Duro ya, pero… pequeñito, lo noto. Sonrío. ‘Hoy mando yo, ¿entendido?’. Asiente, tragando saliva. En mi piso, puerta cierra. Lo empujo contra la pared. Beso brutal, lengua dentro, mordiendo labio. ‘Quítate la camisa’. Obedece, torpe. Piel suave, sin pelos, torso delgado. Le ato los ojos con mi tanga. ‘Ni una palabra a menos que yo diga’. Tensión eléctrica, aire pesado de sudor y deseo. Mi coño palpita, húmedo ya. Le bajo el pantalón despacio. Polla salta, erecta al máximo… 9 cm, qué risa. Pequeña, fina, como un dedo. Pero tensa, venosa. ‘Qué monada… pero no la usarás hasta que yo diga’. Gime bajo. Mi control total, joder, me moja más.
Lo tiro en la cama boca arriba. Me subo a horcajadas, falda arremangada. ‘Chúpame, ahora’. Coño en su cara, clítoris hinchado rozando nariz. Lengua torpe al principio, pero aprende rápido. Lamidas profundas, chupando labios, succionando fuerte. ‘Más adentro, joder, así…’. Grito suave, caderas girando, untándole la cara de mis jugos. Huele a sexo puro, salado, caliente. Dedos en su pelo, tirando. Mi orgasmo sube, rápido. ‘No pares, cabrón’. Me corro temblando, chorro en su boca. Él jadea, polla goteando precum. ‘Ahora fóllame, pero yo decido’. Me bajo, agarro su polla mínima con dos dedos. La meto en mi coño de un golpe. Aprieto, resbaladizo, caliente. ‘Mueve las caderas, pero lento’. Monto como amazona, tetas botando, uñas en su pecho. Cambio: me pongo de espaldas, culo en alto. ‘Métela toda, aunque sea poquita’. Embiste, pero yo marco ritmo, bajando fuerte, polla chocando fondo… no llega ni al fondo, pero frota bien. ‘Más rápido, fóllame el coño’. Sudor mezclado, cama crujiendo. Saco sus dedos largos, de pianista. ‘Métemelos, tres’. Los hundo en mi culo mientras follo. Placer doble, intenso. Le aprieto huevos, pequeños, llenos. ‘Vas a correrte cuando yo diga’. Cambio posición: perrito, yo empujo atrás. Polla entra-salida, chapoteo húmedo. ‘Joder, qué coño tan apretado’, gime él. Yo río. ‘Es tuyo… por ahora’. Lo monto reverse, frotando clítoris en su pubis. Segundo orgasmo me parte, grito ronco, contracciones ordeñando su polla.
La Tensión de la Conquista: Decidí que Sería Mío
‘Déjate ir, llena mi coño de lechita’. Corre brutal, chorros calientes dentro, poco pero potentes. Me derrumbo sobre él, jadeos mezclados. Saco su polla flácida, chorreante de semen y mis jugos. La miro, sonriendo. ‘Has sido bueno… pequeñín’. Lo desato, beso suave. Él mira, rojo, feliz rendido. Me siento poderosa, joder. Esa conquista, verlo sucumbir, su polla mínima obedeciendo mis órdenes. Adrenalina pura, placer total. No necesito más. Él se fue al amanecer, prometiendo volver. Yo, satisfecha, dueña de la noche. Mañana, otra presa. Porque yo mando, siempre.