Soy Marina, rubia con pelo al cuadrado, ojos marrones, piel pálida como la leche. Tengo 19 años, genio en mates y lenguas, pero en sexo… hasta esa noche, era un libro cerrado. El tipo del final de la calle, Maxi, el friki de la informática. Lo vi crecer, pero ahora… mmm, alto, fuerte, con esa mirada tímida que me ponía cachonda. La semana pasada, mi nuevo portátil no arrancaba. Lo llamé.
—Hola Maxi, soy Marina, ¿te molesto?
La Decisión de Conquistarlo
—Para nada… ¿qué pasa?
—Ven, porfa. Necesito tu magia con ordenadores.
Quince minutos después, sonó el timbre. Abrí en mi vestido negro de lana ajustado, cinturón ancho, botines. Sus ojos se clavaron en mis tetas grandes, redondas. Se le notaba la erección ya. Entró, sudando un poco. Lo llevé a mi cuarto. Sentí su mirada en mi culo mientras caminaba. El BIOS mal configurado. Lo arregló en dos minutos, pero yo… yo decidí alargar.
—Quédate, Maxi. Windows se instala solo. Hablemos.
Charlamos. Le conté de mis amigas, borrachas, riéndose de mí por virgen en experiencias. ‘¿Cómo chupas una polla?’, me preguntaron. Me puse roja, pero dentro… ardía. Lo miré fijo. Él tartamudeaba, polla tiesa bajo los pantalones. ‘Hoy mando yo’, pensé. Me acerqué, me senté en sus rodillas. Sus manos temblaron en mi cintura.
El Placer Brutal Bajo Mi Mandato
—¿Quieres enseñarme, Maxi? No… espera. Yo te enseño a ti cómo obedeces.
Lo besé fuerte, lengua dentro, mordiendo su labio. Sus manos subieron a mis tetas. Yo las guié, apretando fuerte. ‘Así, cabrón, masajea mis pezones duros’. Gime, yo controlo. Lo empujé al cama, le abrí la camisa. Piel caliente, olor a colonia fresca.
El acto fue mío. Le bajé los pantalones. Su polla saltó, gorda, venosa, cabeza roja. ‘Mira qué polla dura por mí’. La agarré, branla lenta, apretando la base. Él jadeaba. ‘Chúpame las tetas primero’. Me quité el vestido, sujetador balcón marrón. Tetazas pesadas, pezones oscuros erectos. Su boca las devoró, lengua girando, mordiendo suave. Yo gemí, pero mandaba: ‘Más fuerte, lame el otro’. Bajé, lamí su polla desde la base, saliva chorreando. La tragué entera, garganta profunda, bolas en mi mano. ‘¿Te gusta mi boca, eh? No corras aún’. Lo chupé salvaje, aspirando, lengua en el frenillo. Él se retorcía.
Lo monté. Culotte a un lado, coño mojado rozando su polla. ‘Te voy a follar yo’. Me clavé despacio, centímetro a centímetro, coño apretado tragándolo. Cabalgué duro, tetas botando, uñas en su pecho. ‘Mírame, cabrón, soy tu jefa’. Cambié: levrette. ‘Cógeme el culo, pero yo digo el ritmo’. Empujé contra él, polla en mi coño, luego… ‘Ahora el culo’. Lo guie, saliva en mi ano, cabeza entrando. Dolor placentero, gemí: ‘¡Joder, métela toda!’. Me folló el culo, yo movía caderas, frotando clítoris. Dedos en mi coño, doble penetración. Orgasmo brutal, temblando, gritando.
Lo hice correrse en mi culo, esperma caliente chorreando. Cayó exhausto. Yo, jadeante, piel sudada, coño y culo palpitando. Lo miré: ‘Has sido bueno, pero yo gané’. Me duché con él, jabón en sus manos, mi cuerpo mandando. Salí poderosa, él… rendido. Esa noche, conquisté. Adrenalina pura, él mío al 100%. Nunca más dudaré: yo controlo el placer.