Tomé el Control: Vestí a Mi Marido de Mujer y lo Follé Sin Piedad

Ay, chicas, os lo cuento como si acabara de pasar. Mi nombre es Valeria, y anoche… uf, tomé las riendas como nunca. Mi marido, Pablo, no paraba de quejarse porque salía con mis amigas. ‘¿Otra vez sola?’, decía, celoso. Yo, riéndome por dentro, le miré fijo. ‘¿Quieres venir? Pues te vienes… pero como Birgit, mi corresponsal holandesa’. Se quedó blanco. ‘¿Qué? ¿En serio?’. ‘Sí, épilate todo, yo me encargo del resto’. Él, con esa carita de cachorro, aceptó. La tensión ya subía. Le vi en el baño, rasurándose las piernas finas, el culo, la polla… liso como una niña. Volvió con el albornoz, excitado. Le puse la guêpière blanca, los ligueros, medias grises ahumadas. Su polla se ponía dura, saliendo por el tanga. ‘No, no… ve al baño y córrete ya, que no seas marica’. Se fue, volvió flácido. Le maquillé: base, ojos, labios rojos. Peluca corta, uñas postizas. ‘Birgit, no hables mucho, solo sonríe’. Caminando a la calle, sus tacones clic-clac, mi mano en su culo. En el coche, ‘Cuidado con las ligas, puta’. La noche con mis amigas fue perfecta. Nadie sospechó. Bailamos un poco, él tieso pero sexy. Volviendo a casa, yo ya mojada pensando en lo que le esperaba.

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Llegamos, se tiró en el sofá, agotado pero admirándose las piernas. Yo, en el baño, me quité las bragas, até el doble consolador a mi guêpière. Realista, latex grueso, dos pollas unidas. Salí, falda subida, mi coño depilado a la vista, el arnés listo. ‘Mira esto, Birgit… lo compré en Chueca para ti’. Se le iluminaron los ojos. ‘Valeria… ¿puedo…?’ Le empujé la cabeza. ‘Primero lame mi coño, hazlo bien’. Se arrodilló, lengua en mi raja húmeda. Lamió lento, chupó el clítoris… ‘Más adentro, joder… sí, así’. Gime, mis jugos en su boca. Le metí los dedos en el pelo, follándole la cara. ‘Para’, dije jadeando. Le tiré en el sofá boca arriba, subí su falda. Su polla semi-dura, rodeada de ligas blancas. La chupé el glande, saliva goteando. ‘Mmm, qué rica… pero ahora te preparo el culo’. Lubriqué su ano con gel frío. Dedo uno, girando… ‘Relájate, puta’. Dos dedos, follándole el ojete. Él gimiendo, polla tiesa. Me quité, me puse a horcajadas. Metí una punta en mi coño chorreante… ‘Ahhh, sí…’. La otra contra su culo. Empujé despacio. ‘¡Abrete, coño!’. Entró, él gritó: ‘¡Duele… pero sigue!’. Le follé lento, mis caderas marcando ritmo, mi coño sintiendo cada embestida. Cambié: le puse de rodillas, cojín bajo, nalgas abiertas. ‘Mírame’. Clavé profundo, polla falsa rompiéndole el esfínter. ‘¡Fóllame más fuerte!’, pedía. Le pegué en las nalgas, follé como un animal. Su mano en la polla, pajeándose.

La Decisión que Cambió Todo

Él explotó primero, semen en el sofá, cuerpo temblando. Yo no paré. ‘Ahora yo, cabrón’. Le machaqué el culo, mi clítoris frotando el arnés. Sentía mi coño apretar la otra punta, jugos bajando. ‘¡Me corro… joder!’. Grité, uñas en su espalda, espasmos retumbando en su culo. Caí sobre él, sudados, el consolador dentro. Besé su cuello maquillado. ‘Has sido mía total, Birgit… mi puta perfecta’. Él, rendido: ‘Te amo, Valeria… hazlo cuando quieras’. Me sentía diosa, poderosa. Ese control, verle suplicar, su culo mío… uf, la adrenalina aún me pone cachonda. Mañana repetimos, chicas. ¿Quién se anima?

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