Mi noche de bodas: tomé el control y lo follé hasta el amanecer

Estábamos en la boda, rodeados de amigos, risas y copas. Yo, siempre controlada, nunca bebo. Pero esa noche… algo cambió. Laurent, mi ex, insistió con el cava. ‘Vamos, por tu noche de bodas’, dijo con esa sonrisa pícara. Dudé. ‘Laurent, sabes que no…’. Pero trinqué. Tres copas. El calor subió rápido. En el taxi hacia el hotel, me pegué a mi marido, Juan. Mis ojos brillaban, mi mano rozaba su polla por encima del pantalón. ‘Quiero follar ya’, le susurré al oído, frotándome contra él. Él se resistía, nervioso por el taxista. Yo no. ‘Lámeme el coño ahora mismo o verás’. Deslicé mi tanga bajo el vestido de novia, la tiré al suelo. Abrí las piernas. ‘Hazlo’. Él se arrodilló entre mis muslos, cabeza bajo la falda. Su lengua tocó mi raja húmeda, depilada, oliendo a deseo acumulado. Gemí fuerte. ‘¡Sí, ahí! ¡Más!’. La carro zigzagueó, pero él lamió mi clítoris hinchado, chupándolo. Yo gritaba, empapándolo todo. Levanté la falda, guié su cabeza. El taxista lo vio todo por el retrovisor, pero seguí. Corrí como nunca, ahogándolo en mi squirt. Salimos, y él devolvió la tanga. ‘Quédatela, no la necesito’. Lo arrastré al hotel.

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En el ascensor, le bajé la cremallera, saqué su polla dura. ‘Siéntate en la cama como un buen chico’. Puerta cerrada, lo empujé al colchón, desnuda de cintura para abajo. Me arrodillé, la tragué entera. ‘Mmm, qué rica tu verga’. La mamé con hambre, saliva chorreando, bolas en mi boca. Él eyaculó rápido, salpicándome la cara y el vestido. Lamí todo. ‘No mancha’. Luego, striptease con mi vestido manchado. Lo monté tres veces, cabalgándolo salvaje. ‘¡Fóllame más fuerte!’. Pero quería más. ‘Una noche de bodas son cinco polvos mínimo’. Él suplicó descanso. ‘Si no puedes, el recepcionista me follará’. Se encendió. ‘Acércate, puta’. Me puso a cuatro patas, vestido subido. Besó mis nalgas, lamió mi ano. Metí sus dedos en mi coño empapado, los saqué lubricados. ‘Métemelos en el culo’. Él dudó. ‘Es tu noche de virginal anal’. Abrí mis cachetes, ofrecí el agujero. Su dedo entró, luego dos. Gemí. ‘Ahora tu polla’. Me la clavó en el coño primero, pulgar en el culo. Me corrí temblando. Luego, saliva en mi ano. Empujó. ‘¡Ahhh!’. Duele, pero mandaba yo. ‘¡Enculeme duro!’. Me taladró el culo, polla apretada en mi recto. Insultos volaban. ‘¡Eres mi puta!’. Yo: ‘¡Sí, fóllame el culo, cabrón!’. Él se corrió dentro, yo después, exhausta.

La decisión de tomar las riendas

Al amanecer, él dormía roto. Yo, dueña total. Mal al culo, pero sonrisa perversa. ‘Fue el cava… pero qué noche’. Lo abracé, su polla en mi mano. ‘Ahora fóllame suave’. Me penetró en cucharita. Poder absoluto: lo convertí en mi juguete, exploré mi culo por primera vez, dicté cada gemido. Esa adrenalina de conquista, verlo rendido… adictivo. Ahora sé: controlo el sexo, siempre.

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