Cómo Tomé el Control y lo Hice Gemir Toda la Noche

Ayer por la noche, en esa fiesta abarrotada, lo vi. Alto, musculoso, con esa mirada tímida que me pone cachonda al instante. Estaba apoyado en la barra, solo, bebiendo una cerveza. Yo, con mi vestido negro ajustado que deja poco a la imaginación, me acerqué. ‘Hola guapo, ¿solo?’, le dije, rozando su brazo con mis uñas rojas. Se sonrojó, balbuceó algo. Sonreí. Ya era mío.

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Lo invité a bailar. Mis caderas contra las suyas, sentía su polla endureciéndose contra mi culo. ‘Ven conmigo’, le susurré al oído, mordiéndole el lóbulo. No opuso resistencia. En mi piso, cerré la puerta y lo empujé contra la pared. ‘Quítate la camisa’, ordené. Obedeció, temblando un poco. Saqué las cuerdas de mi cajón. Sus ojos se abrieron grandes. ‘¿Qué…?’. ‘Shh, hoy mando yo. Si no te gusta, la puerta está ahí’. Pero su polla ya gritaba lo contrario, tiesa como una barra.

La Decisión que Cambió Todo: Tomo las Riendas

Lo até despacio. Primero las muñecas a la espalda, tirando fuerte para arquear su pecho. Sus hombros hacia atrás, perfecto. Luego las rodillas al pecho, exponiendo su culo redondo. ‘Mírate, tan vulnerable’, le dije, pasando la lengua por su cuello sudoroso. Olía a hombre, a deseo reprimido. Le puse la mordaza, esa bola roja que le llena la boca. Intentó hablar, solo salió un gemido ahogado. Buena señal. Me quité el vestido, quedando en tanga y tacones. Su mirada devoraba mis tetas, mi coño depilado.

La tensión subía. Yo controlaba cada respiración suya. ‘Vas a hacer lo que yo diga, ¿entendido?’. Asintió, ojos brillantes. Lubriqué mi dedo y lo metí en su culo sin aviso. Se tensó, pero empujó hacia atrás. ‘Buen chico’. Lamí su polla, chupando el glande hinchado, saboreando el precum salado. Pero no lo dejé correrse. ‘Aún no’.

Lo puse de rodillas, cara contra mi coño. ‘Lámeme, hazme mojada’. Su lengua salió torpe al principio, eh… pero pronto se activó. Lamía mi clítoris, chupaba mis labios hinchados, metía la lengua dentro. Gemí fuerte, agarrando su pelo. ‘Más profundo, joder’. Sentía el calor de su boca, mi jugo corriéndole por la barbilla. Perfecto. Ahora, mi turno de follarlo.

El Placer Brutal: Lo Dirijo Hasta el Éxtasis

Me ceñí el arnés, ese strap-on grueso, negro, 20 cm de puro poder. Lubrique generosamente, oliendo a vainilla y sexo. Lo puse a cuatro patas, culo en pompa. ‘Relájate, te va a gustar’. Apoyé la punta en su ano apretado. Empujé suave… resbaló un poco. Segunda embestida, entró la cabeza. Gritó contra la mordaza, cuerpo temblando. ‘¡Sí, toma mi polla!’. Empecé a bombear, lento al principio. Su culo se abría, tragándosela centímetro a centímetro. Caliente, apretado, como un guante.

Aceleré. Plaf, plaf, mis caderas chocando contra sus nalgas. ‘¡Fóllate mi polla, puta!’, le grité, azotando su culo rojo. Sudaba, gemía como loco. Su polla goteaba sin tocarla, balanceándose. Lo volteé, piernas sobre mis hombros, penetrándolo profundo. Veía su cara contorsionada de placer-dolor. ‘Mírame mientras te follo el culo’. Chupé sus huevos, lamí su perineo mientras entraba y salía. Él se retorcía, al borde.

‘¡Córrete para mí!’. Explotó, chorros de lefa caliente salpicando su pecho, mi vientre. Su ano se contrajo alrededor del strap-on, ordeñándolo. Yo seguí follándolo hasta que grité mi orgasmo, frotando mi clítoris contra la base. Joder, qué rush.

Después, lo desaté. Estaba hecho polvo, ojos vidriosos, sonrisa boba. ‘¿Ves? Yo decido’. Me acurruqué contra él, su cabeza en mis tetas. Sentí el poder puro, esa adrenalina de haberlo conquistado, moldeado a mi antojo. Él sucumbió total, y yo… yo soy la reina. Mañana, quizás repita. O no. Depende de mí.

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