Soy Carolina, 45 años, agricultora bio con melena gris rebelde. Odio los sujetadores, dejo mis tetas libres bajo vestidos escotados. En el mercado, los tíos babean viéndolas botar. Lancé en Facebook ‘Fuego al sujetador’, por la salud de las tetas. Éxito brutal, likes de todos. Organicé quema en la ciudad cerca de mi finca. Conocí a Oscar, el tío del ‘Fuego al calzoncillo’. Foto con polla marcada en pantalón. Me mojó verlo.
Nos vimos en mi finca para planear. Pelo sin teñir, axilas sin afeitar, coño peludo. Él flipó con mis tetas vivas bajo la tela fina. Después de la manif, cien personas quemando ropa interior, tetas y pollas al aire, invité a unos pocos a celebrar. Él vino, con tres colegas más. Mesa llena de mis productos, rosado fuerte. Risas, tetas agitándose. Joëlle ya se montó en uno, gimiendo en la habitación. La tensión subía. Veía el bulto de Oscar crecer. Sudor en su frente. Yo decidí: esta noche lo hago mío. Me levanto, cojo su mano. ‘Ven conmigo, ahora’. Voz firme, sin pedir permiso. Él duda, ‘eh, Carolina…’. ‘Cállate y sígueme’. Lo arrastro a la cuadra, olor a heno y tierra. Cierro la puerta. ‘Quítate todo. Ya’. Él obedece, polla tiesa, gruesa, venas marcadas. La miro, lamo labios. ‘Arrodíllate’. Tetas pesadas saliendo del vestido. ‘Vas a adorarme primero’.