Ayer por la noche, en ese bar oscuro de Madrid, vi a ese tío alto, con ojos que me devoraban. Yo, con mi vestido ajustado, crucé las piernas y le lancé una mirada que decía todo. Se acercó, nervioso. ‘Ven conmigo’, le susurré al oído, mi voz suave pero como una orden. En mi piso, cerré la puerta y lo empujé contra la pared. ‘Quítate la camisa’, dije, mirándolo fijo. Sus manos temblaban. Me encanta esa adrenalina, ver cómo un hombre fuerte se rinde.
—Date la vuelta… Inclínate… Abre las piernas… —Mi tono era dulce, inflexible. Él obedeció, tenso. Lo miré por encima del hombro que me lanzaba. Sus manos agarraron sus nalgas, las separó. Dedos hacia el surco, rozando… Llegaron a sus huevos, los apretó suave. El ano se contrajo, obsceno. Luz de la lámpara enfocada ahí, en esa cueva húmeda, perlando sudor. ‘Contrae’, ordené. Se abrió y cerró, succionando aire. Me mojé al verlo así, sumiso.
La Conquista: Decidí que Era Mío
—Cámbrate más… A cuatro patas… Mueve el culo. —Onduló, todo su cuerpo temblando. Sombras bailando en la pared. Mi coño palpitaba, pero yo mandaba. ‘No te toques. Mira mis ojos’. Se giró torpe, pupilas dilatadas, perdido. ‘Manos atrás, muestra tu polla’. La sacó, semi-dura. ‘Hazla dura, pero lento. Dime cómo te sientes’. La masturbaba como yo dictaba, gimiendo. ‘¿Te excito? ¿Quieres follarme?’.
Yo me abrí el vestido, tetas al aire. ‘Muévelas’. Las agitó, pesadas, pezones duros. Me acerqué, mi mano en su cuello. ‘Ahora, mastúrbate conmigo. Sigue mi ritmo’. Nuestras manos volando, su polla hinchándose, venosa. ‘Mira cómo brilla la mía, clítoris como una verga’. Él jadeaba: ‘Por favor… fóllame’. ‘No aún. Acelera’. Grité primero, él explotó, leche salpicando.
El Clímax Brutal Bajo Mis Órdenes
Pero no paré. ‘Límpiala con la lengua’. Se arrodilló, chupando. Mi dedo en su culo, buscando próstata. La masajeé, su polla reviviendo, dura como hierro. ‘Ahora sí, fóllame’. Me puse a cuatro, él entró de golpe en mi coño empapado. ‘¡Más fuerte! Raméname’. Golpes secos, sus huevos contra mí. ‘¡Dime lo puta que soy!’. ‘Eres mi reina, joder…’. Le metí un dedo en el culo mientras follaba. ‘¿Quieres que te folle el culo después?’.
Cambié: ‘Sácamela, lubrica’. Me giré, ano listo. ‘Entra despacio’. Quemaba delicioso, su polla monstruosa dilatándome. ‘¡Fóllame el culo! Más hondo’. Él gruñía, yo mandaba: ‘Más rápido, cabrón. Siente cómo te aprieto’. Sudor goteando, tetas balanceándose. ‘¡Voy a correrme!’. ‘¡Dentro, lléname!’. Explotó, caliente, rebosando. Yo me corrí gritando, olas interminables.
Quedó jadeante, derrumbado. Yo, erguida, piel brillante. Lo miré: ‘Has sido bueno’. Ese poder, verlo sucumbir… adictivo. Lo eché suave, con una sonrisa. Hoy sonrío recordándolo. Yo decido, yo conquisto. Siempre.