Nos cruzamos en esa tienda enorme del centro. Música sensual retumbando, gente rozándose. Él me miró, yo le devolví la mirada. Llevaba un vestido blanco barato que me marcaba las curvas. Salí, y ahí estaba, fumando, esperándome. Le sonreí, le ofrecí fuego. ‘Ven conmigo’, le dije directa. No preguntó. Subimos a su coche, pero yo elegí el hotel. En la periferia, cerca de un parque. Nada de centros ni autoroutes. Reservé yo la habitación. Doble, simple, paredes beige. Solo para follar.
Llegamos. Él nervioso, yo segura. Cerré la puerta. ‘Escucha’, le dije, mirándolo fijo. ‘Estás casado, yo también. Niños, trabajo en agencia de viajes. Solo sexo. Nada de nombres reales, ni vidas. SMS anónimos, mails falsos. Yo decido cuándo y dónde. Si rompes reglas, se acaba’. Dudó un segundo. ‘Vale’, murmuró. Me acerqué, le quité la camisa despacio. Sentí su piel caliente bajo mis dedos. El corazón le latía fuerte. ‘Desnúdate’, ordené. Obedeció. La tensión subía, el aire espeso. Lo empujé contra la pared. ‘Hoy mando yo’. Él jadeaba ya.
La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Sería Mío
Lo besé duro, mordí su labio. Manos en su pecho, bajando. Polla ya dura contra mi muslo. ‘De rodillas’, le susurré. Se arrodilló. Le abrí las piernas, metí su cabeza entre mis muslos. ‘Lámeme el coño hasta que yo diga’. Lengua ansiosa, chupando mi clítoris. Gemí, agarré su pelo. ‘Más profundo, joder’. Me corrí rápido, temblando. Lo levanté. ‘Ahora fóllame como yo quiero’. Lo tiré en la cama. Monté encima, polla gruesa entrando en mi coño mojado. ‘No te muevas’. Cabalgué fuerte, tetas rebotando. Él gemía: ‘Dios…’. ‘Cállate y agárrame el culo’. Clavó dedos, yo controlaba el ritmo. Rápido, lento. Sudor goteando.
El Sexo Brutal Bajo Mis Órdenes
Lo puse a cuatro patas. No, espera. ‘Tú a cuatro, yo detrás’. Le escupí en el culo, metí un dedo. ‘¿Quieres más?’. ‘Sí, por favor’. Agarré lubricante del bolso. Dedos dos, luego tres. Él gruñía. ‘Ahora mi coño otra vez’. Me tumbé, piernas abiertas. ‘Fóllame duro, pero paro yo’. Entró de golpe, polla hinchada. Empujones salvajes. ‘Más, cabrón’. Le arañé la espalda. Cambié: contra la ventana, polla en mi culo. ‘Despacio al principio’. Gemí alto, ciudad abajo. Aceleró. ‘¡Córrete dentro cuando yo diga!’. Sentí su polla palpitar. ‘¡Ahora!’. Se vació, yo exploté otra vez. Colapsamos en la moqueta, sudor, olor a sexo.
Me levanté primera. Encendí un cigarro, mirándolo exhausto. ‘Fue perfecto porque yo mandé’. Él sonrió débil: ‘Eres increíble’. ‘No sientas nada. Solo placer’. Me duché, él esperó. Salí, vestida. ‘Próxima semana, te aviso’. Beso rápido, salí. En la calle, adrenalina pura. Lo había conquistado, dominado. Su polla, su cuerpo, todo mío. Poder total. Caminé erguida, coño aún palpitando. Sé que volverá. Porque yo decido. Y eso me pone cachonda de nuevo.