Tomé el control total de su polla en el cyberpub oscuro

Toc, toc. No, espera… Era yo la que llamaba esa noche. Vi al tipo entrar al cyberpub, nervioso, con esa mirada de quien huye de algo grande. Quince años en las sombras, y supe al instante: era mío. Me acerqué por detrás, mi mano rozando su hombro. ‘Eh, guapo, ¿necesitas compañía?’ Él se giró, sorprendido, oliendo a café rancio y sudor fresco. ‘No, gracias, estoy ocupado.’ Sonreí, esa sonrisa que derrite voluntades. ‘Yo digo que sí.’ Le serví el café yo misma, mi culo rozando su pierna al posarlo. ‘Sé lo que vas a hacer. Estás vigilado. Ven conmigo a la alcoba, o te pillan.’ Dudó, sus ojos bajando a mis tetas apretadas en el top. ‘¿Quién coño eres?’ ‘La que te salva el culo… y te lo folla después.’ Lo arrastré, fingiendo ser su puta de la noche. Le di billetes falsos, risas bajas. El tipo del impermeable nos miró. Perfecto.

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En la penumbra de la alcoba, olía a sexo viejo y humo. Me senté a horcajadas sobre sus muslos, mi falda subiendo. ‘Cállate y déjame mandar.’ Sus manos temblaban en mi cintura. Besé su cuello, mordiendo suave, sintiendo su polla endurecerse bajo los pantalones. ‘Mmm, ya está dura para mí.’ Desabroché su bragueta despacio, sacando esa verga gruesa, venosa, palpitante. ‘Joder, qué polla más rica.’ Lamí la punta, saboreando el precum salado, mis labios envolviéndola hasta la garganta. Él gimió, ‘Espera… no aquí.’ ‘Cállate.’ Chupé fuerte, lengua girando en el glande, bolas en mi mano apretando suave. El del impermeable se acercó, pero yo aceleré, mamada profunda, saliva goteando. ‘¿Ves? Él mira, pero tú eres mío.’ Él jadeaba, caderas moviéndose solas.

La tensión que me encendió

Lo empujé contra la banquette, montándolo como una reina. ‘Ahora, fóllame como yo diga.’ Me quité las bragas, mojadas ya, y me empalé en su polla de un golpe. ‘¡Ahhh, joder, qué coño tan apretado!’ Reboté duro, tetas saltando, mis uñas clavadas en su pecho. ‘Más profundo, cabrón.’ Giré, dándole mi culo redondo, él embistiendo desde abajo mientras yo marcaba el ritmo. ‘¡Así, métemela hasta el fondo!’ Sudor mezclado, piel contra piel chapoteando, su polla estirándome el coño. El otro se acercó, polla fuera, pero yo lo ignoré. ‘Tú solo mírame follarlo.’ Cambié posición, de rodillas, chupando su verga embadurnada de mis jugos, luego lo puse a cuatro, metiendo su polla en mi culo lubricado. ‘¡Fóllame el ojete, pero despacio al principio!’ Gemí fuerte, controlando cada centímetro, mi clítoris frotándose en su saco. Él gruñía, al borde. ‘No corras aún, hostia.’ Lo apreté con mis paredes, ordeñándolo.

Al final, lo hice explotar dentro de mí, chorros calientes llenándome el culo. ‘¡Sí, dámelo todo!’ Él colapsó, temblando, mirada perdida. Yo me levanté, jugos chorreando por mis muslos, sintiendo esa ola de poder puro. Lo había conquistado, dirigido cada embestida, cada gemido. Él era mío, sucumbió total. El del impermeable gritó, pero yo ya había ganado. Salí limpiándome la boca, con esa sonrisa de reina. Esa noche, tomé lo que quise, y fue perfecto. Poder absoluto, placer mío. Aún lo siento palpitar.

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