Tomé el Control: Cómo lo Seduje y lo Hice Mío en Mi Apartamento

Acababa de llegar a mi piso nuevo, después de esa promoción que esperé años. Dos metros cuadrados más, vistas al cielo, y catorce horas libres al día. Me sentía jodidamente viva, la sangre hirviendo. Caminaba por el pasillo cuando lo vi: un tipo alto, delgado, con ojos nerviosos, ajustando algo en la puerta de enfrente. Bill, o como se llamara, parecía perdido en su mundo, sudando un poco, con esa sonrisa torpe.

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Me paré ahí, mirándolo fijamente. Él levantó la vista, se sonrojó. ‘Hola…’, balbuceó. Yo sonreí, pero de esa forma que dice ‘soy yo quien manda’. Entré en mi piso, dejé la puerta entreabierta. Sabía que picaría. Y picó. Cinco minutos después, tocó. ‘Perdona, ¿tú vives aquí? Es que… acabo de mudarme’. Le invité a pasar con un gesto. ‘Pasa, chulo. Quiero verte de cerca’.

La Tensión que Me Hizo Decidir: Él Será Mío

Cerré la puerta. Él se quedó tieso, mirando alrededor. Mi loft minimalista, cama king size flotante, luces tenues. Me acerqué lento, rozando su brazo. Sentí su piel erizarse. ‘Estás nervioso, ¿eh? Relájate. Hoy yo decido’. Le puse la mano en el pecho, bajando despacio. Él tragó saliva. ‘¿Qué… qué quieres?’. ‘A ti. Desnudo. Ahora’. Dudó un segundo, pero mis ojos lo clavaron. Se quitó la camisa torpemente, pantalón… polla semi-dura saltando libre. Perfecta, gruesa, venosa. ‘Buen chico. Pero las reglas son mías: no tocas sin permiso. Yo te follo como quiero’.

La tensión crecía, su respiración agitada, mi coño ya mojado palpitando. Le empujé al sofá, me subí a horcajadas. Le besé duro, lengua invadiendo su boca, mordiendo labio. Él gemía bajito. ‘Shh, calla. Solo obedece’. Le apreté las pelotas suave, viéndolo arquearse. ‘Vas a lamerme hasta que grite. Luego te monto’. Él asintió, hipnotizado.

Lo tiré al suelo, abrí piernas sobre su cara. ‘Lame, cabrón. Muéstrame lo que vales’. Su lengua torpe al principio, pero yo guiaba: ‘Más adentro, chupa el clítoris… sí, así’. Olía a mi excitación, salado, caliente. Gemí fuerte, cabalgando su boca, empapándolo. ‘Joder, qué rico… no pares’. Me corrí temblando, chorro en su barbilla.

El Acto Brutal Bajo Mis Órdenes: Placer Crudo y Total

Ahora el plato fuerte. ‘Levántate. A la cama’. Lo até las manos con mi bufanda, riendo. ‘No te muevas’. Me puse de rodillas, tragué su polla entera, garganta profunda, saliva chorreando. Él jadeaba: ‘Dios… por favor…’. ‘Cállate’. La chupé salvaje, bolas en la boca, mordisqueando glande. Dura como piedra.

Me subí encima, coño resbaladizo tragándosela toda. ‘Mía. Siente cómo te aprieto’. Cabalgué brutal, tetas rebotando, uñas en su pecho marcando. Cambié: de espaldas, culo golpeando sus muslos, ‘¡Fóllame el coño, pero yo marco el ritmo!’. Sudor mezclado, slap-slap de carne. Le di la vuelta, perrito: ‘Ahora por detrás, pero lento’. Metí su polla, arqueándome, control total. ‘Más hondo… joder, sí’. Él gruñía, al borde. ‘No corras aún, puta’. Lo apreté con kegels, ordeñándolo.

Lo desaté, lo puse a cuatro. ‘Ahora me comes el culo mientras te pajéo’. Lengua en mi ano, caliente, húmeda. Yo le meneaba la polla, rápida. ‘Córrete en mi mano’. Él explotó, leche espesa por todos lados. Yo me corrí otra vez, gritando.

Después, él jadeante, roto. Yo de pie, desnuda, poderosa. ‘Has sido bueno. Vete ahora’. Lo vestí yo misma, besito en frente. ‘Volverás cuando yo diga’. Cerré la puerta, sonrisa en la cara. Lo había tenido todo: su sumisión, su polla, su alma. Poder puro, coño satisfecho palpitando aún. Esa noche dormí como reina. Mañana, quizás lo llame para más. Soy yo quien manda.

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