Cómo Tomé el Control de su Polla en ese Hotel de Roma

Estaba viajando en ese tren de noche de Francia a Italia. Diecinueve años, mochila al hombro, poco dinero, pero ganas de comerme el mundo. No podía dormir, los aduaneros nos despertaron. Salí al pasillo a fumar un cigarro. Ahí estaba él, un italiano de unos cuarenta, panzón pero con piel morena brillante, calvo, sonrisa sincera. Hablaba francés perfecto. Charla de todo: mi viaje, su negocio en Roma.

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Me invitó un café. ‘¿Quieres que te aloje en Roma? No tienes plata’, dijo. Dudé un segundo… pero vi oportunidad. ‘Vale, pero yo mando’, pensé. Bajamos en Roma, taxi al hotel de lujo. Habitación enorme, cama king size. Lujo puro después de meses mochileando. ‘Voy a ducharme’, le dije. Agua caliente, jabón por todo el cuerpo… salí en toalla, pelo mojado cayendo por la espalda, gotas en mis tetas firmes.

La Chispa en el Tren Nocturno

Él estaba tirado en la cama, en camisa y pantalón. Me miró con hambre. ‘¿Te sientes mejor?’, preguntó. Sonreí, fuerte, segura. Me acerqué despacio, quité la toalla. Desnuda total, coño depilado reluciente. ‘Ven aquí’, me dijo, palmeando la cama. No. Invertí. Me subí encima, a horcajadas sobre su pecho. ‘Tú no mandas, guapo. Yo decido’. Sus ojos se abrieron grandes. Mi mano en su cara, lo besé duro, lengua adentro. Él jadeó. ‘Eres… wow’. Bajé la mano, desabroché su camisa, pelo en su panza suave. ‘Quítate todo’, ordené. Obedeció rápido, polla ya medio dura saltando.

La tensión subía. Mi coño palpitaba de adrenalina. Lo miré fijo: ‘Hoy eres mío. Te voy a follar como quiero’. Él asintió, excitado, perdido. Le até las manos con mi bufanda al cabecero – improvisé, pero funcionó. ‘No te muevas’. Lamí su cuello, mordí un pezón. Bajé, besos en su panza, hasta su polla tiesa, venosa, gorda. ‘Mmm, buena polla italiana’. La chupé lento, lengua en el glande, saliva goteando. Él gemía: ‘Dios, sí…’. Pero paré. ‘Pídemelo’. ‘Por favor, chúpamela más’. Sonreí. La tragué entera, garganta profunda, hasta que tosió de placer.

Dominando Cada Empuje en la Cama

Lo volteé boca abajo. ‘Ahora tu culo’. Él protestó suave: ‘¿Qué?’. ‘Cállate’. Lamí sus nalgas, lengua en su ano apretado. Se tensó, pero empujó atrás. Dedo mojado adentro, lo follé con él. ‘¡Ah, joder!’. Mi coño chorreaba. Me subí encima, guié su polla a mi entrada. ‘Mira cómo te monto’. Bajé despacio, centímetro a centímetro, polla abriéndome. ‘¡Fuerte!’. Empecé a cabalgar, tetas botando, uñas en su pecho. ‘Más rápido’, gruñó. ‘No, yo digo’. Frené, giré, lo follé de reversa, culo rebotando en su vientre. Sudor por todos lados, olor a sexo crudo.

Lo desaté, lo puse de rodillas. ‘Fóllame el coño desde atrás’. Obedeció, polla embistiendo duro. Agarré sus huevos, apreté. ‘Más adentro, cabrón’. Gemí alto, orgasmo subiendo. ‘¡Voy a correrme!’. Él: ‘Yo también…’. ‘No hasta que yo diga’. Lo saqué, lo puse de espaldas. Monté otra vez, frotando clítoris en su pubis. Explosé, coño contrayéndose en su polla. ‘Ahora sí, córrete dentro’. Él rugió, leche caliente llenándome, desbordando por mis muslos.

Me tiré a su lado, jadeando. Él temblaba, mirada de rendido. ‘Eres increíble… nunca así’. Sonreí, poderosa. Limpié su polla con la lengua, último control. Dormí como reina. Al día siguiente, le di un beso: ‘Gracias por la cama… y la polla’. Salí, mochila al hombro, Roma a mis pies. Esa noche, yo gané todo: su sumisión, mi placer total. Adrenalina pura, poder en cada embestida. Nadie me para.

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